Poemas de: Humberto Garza

ÍNDICE
VUELTA A LA PÁGINA PRINCIPAL

PENSANDO EN TI REGRESO
HABLEMOS VIGILIA
ESCRIBIENDO RETORNO
OPÚSCULO DE UN POETA CELESTE
TRANSMIGRACIÓN ANONIMATO
FUGA MI CASA DE LA HUERTA
RAPSODA BUSCA
EL NIÑO MUERTO NÓMADA
LEJOS DE ELLA… ESPERA
FRUSTRACIÓN DOBLEGAMIENTO
PROMESA EN MI PUEBLO
PARA M.E. ROBO
DEFUNCIÓN IGNORADA VIDA…
NOCHE TRISTE SOLDADITOS


PENSANDO EN TI

Este día es largo y mío como siempre,
me palpa con destellos de sol que glorifica;
y me ofrece el ahogo de llevarte en la mente
con el gran atractivo de tu inmensa sonrisa.

Estoy ahora escribiendo mis versos naturales,
estoy siguiendo el rastro que de tu aroma queda
bajo un cielo molesto por el hervor de aves
hasta el cual, cada tarde, la vieja luna trepa.

Hoy por las siete cuerdas de mi angustiada lira
se desliza la sangre de mis llagados dedos.
La magia de tu afecto le ha costado a mi vida
perderse en el ensueño que tiene todo lejos.

¿De qué te sirve ahora el indefenso nombre
que voluntariamente por los caminos rueda?
Extremo de tristeza ¿De qué sirve a tu noche
el haber conquistado el brillo de una estrella?




REGRESO

Observa mis palabras, se han distraído un poco,
al seguir los rumores que dejó la mañana.
Ahora no me inquieta cómo lo digo todo
porque soy una imagen más completa y exacta.

Antes, apariciones, en ardorosa noche,
llegaban con aroma y sabor a naranjas;
y el verso crecía largo como pestaña joven
vibrando con la fuerza de un asombro de alas.

Los planes que forjamos, ninguno fue posible; 
cual memoria de un sueño se borró la esperanza.
Fuimos un centelleo, por nuevo, poco firme;
perdido entre las olas robustas de la playa.

¿Cuántas preguntas tengo qué responder ahora
en este mar que exhibe dientes de espuma blanca?
En este mar que ahoga un llanto de magnolia,
y el verso más luctuoso que brotara de mi alma.




HABLEMOS

Confidencialmente,
con la voz de otros pueblos;
como en los templos de Isis 
hacían los viajeros,
nárrame tus historias
y recurrentes sueños.

Di todo lo que quieras,
recuerdo mío, pequeño...
Háblame de aquellos terremotos
que hacían de tu alma el epicentro.

Hemos cruzado paralelos
que no tienen regreso,
y ya se han fermentado nuestras voces
después de largo tiempo.

Revélame todo lo que quieras
porque vine de lejos
y tengo deseos de escuchar y confesar.
Sin importar que sea nuestro diálogo
un par de monólogos opuestos.





VIGILIA

¡Volveremos por ti!
Desde ambarinas luces otoñales,
gritando enloquecidos y felices
por estas largas calles.

Atiende los furtivos cuchicheos
manifestados a mitad del cielo;
pon atención a la partida estrella
y a niños que cantan siempre lejos.

No vueles como pájaro asustado
cuando una fuerte lluvia de palabras
irrumpa en el Ángelus Domini
quebrando de tu iglesia las ventanas.

¡Volveremos por ti!
No atiendas al presagio desalmado,
ni atiendas las voces fraudulentas
que digan lo contrario.




ESCRIBIENDO

¡Vuelve a la vida!
Y busca al apóstol de la tarde
cuando sus ojos rasguen la distancia
evocando semblantes familiares.

¡Vuelve a la vida!
Termina con la fiesta de tus sueños
y el crónico dolor de tu canción
que vuela en agonías crepusculares
cuando se oculta el sol. 

Ven, ven con tus sílabas y acentos
a poner una rienda a mis palabras;
palabras que vuelan entre el polvo
enrojecido y claro de las almas.

Estoy en el lírico destello
de papeles antiguos que no acaban
usando unas plumas que proyectan
textos a nuevas y distantes albas. 
Estoy temblando convulsivamente,
mirando las espaldas mansas
de incansables escribas
que copian notable Poesía
en las madrugadas.

No me toques ahora,
me harías inhabitable 
a la celeste luz de la creación,
y sobre tu piel amplificada
caería inevitable Armagedón.
No me toques ahora, es muy temprano,
entrégame el mensaje de tu amor
cuando el delirio de estos ángeles que ofician
haya terminado
de hacer conmigo extensa comunión.




RETORNO

En tus bancos de bruma
todo era raramente distinguible,
y mi anémico sueño,
difícilmente apetecible.

Mi semblanza en la brisa
chispeaba como joven lentejuela,
para luego caer y ser tragada
por la boca reseca de la arena.

Morían mis frases iniciales
en espectrales territorios,
y morían mis versos conocidos
en lugares anónimos.

En esa trepidante oscilación
vibraban mis pesados ornamentos,
y caía la flor de mi canción
en tus labios abiertos.

Hoy ha vuelto la niebla
a trastornar mis ojos;
y a decirme, burlona;
que ya estás de regreso
y eres mejor persona.





OPÚSCULO DE UN POETA

No vuelvas nunca más hasta el rompiente que untaba con espuma tus euforias
antes de aquellas noches de noviembre que anularon tus psíquicos poderes
cuando enfadado tú, las acusaste de haber defraudado un bello trance
provocado por la exótica figura de una mujer hindú sobre la calle.
Busca mañanas que se arropen con geranios y huesos añorantes
cuando salgas de cuevas que habita la quimera.
Busca los pechos planos y los mitos que duermen entre muslos
que Safo detestó en su adolescencia.
A la parranda de la negra sangre, que en ridículos gritos se congela
revelándose en despojos por el mundo mientras busca las yámbicas tormentas;
acude con ayeres y mañanas como ángel furtivo de fragancias,
y circunda la luz que se dispersa.
No corras tras migajas de alegría buscando trivial deslumbramiento
ni caigas en lechos de burdeles donde destruyen las mansiones de Eros.
Avanza más en los nutricios bosques donde encinos que nunca fueron niños
sostienen los enormes candelabros que iluminan las bestias de promesa
que cuidan poetisos y heroínos.
Recuerda las lloviznas y ventiscas portadoras de fríos gavilanes
que herían tus manos y tu cara, cuando subías, adolescente al cielo,
a levantar paredes de salud, después de renacer cada mañana.
Estás cansado de imprudencia y sabes que el farol de todos los domingos
te busca en la leche de amapola para anular sublimes añoranzas
causadas por vapores de cobalto que despidió el amor desde el principio.
Ya no vas en poligamias oportunas buscando mujeres de repuesto,
tras colas de grandes pavos reales que andaban por troyanos corredores
ignorando las épicas de Homero.
Has borrado el inútil protocolo por ser continuamente innecesario
a lo largo y lo ancho del paréntesis que encierra las antiguas cicatrices
que los días de gitano te dejaron.
Ya no buscas en huecos de la noche culebreantes y largas carreteras 
que te lleven al mimesis antiguo, aprendido a las ramas de naranjos
Cacareas en diferente mundo sin radioactivo Amanecer Norteño
y recibes las polkas mojadas por lluvias de la tarde 
en las veredas que parten de una loma que hace alarde 
de un libertario enorme monumento.
Jubilaste el bullicio de ilusiones y ahora igual que marca de vacunas
en la neblina muerta de tus sueños, fosforescen con brillo de infantiles 
carruseles que giran para siempre, embriagados de azahar bajo la luna.
¡Nada es seguro aún! ¿Por qué reír o cantar ante la hiedra
que cubre los jardines que se ahogan bajo sombras verduscas de las tapias?
Sigue perdiendo el tiempo en procesiones, que salen en racimos apretados
y nunca llegan a la Tierra Santa.
Pierrot está llorando golondrinas y San Juan Capistrano ya no existe.
¿Quién marcará tu rumbo a California? Ahora que en la espalda del olvido
ha vuelto aparecer una vez última la fábula que quieres y no quieres
por ser coquetería fosilizada que destruyó a tus amorosos dioses
ayer, cuando paseabas en la playa.
Has arribado al parque de sirenas y ya no están las culminantes lenguas,
ni Cordelia a la vuelta de la esquina con voz de codorniz que chapotea.
Nadie te quiere dar para el futuro porque saben que no tienes mañana.
Y tú quieres reunirte a la tormenta al confundir tu crasa elemental simpleza
con la nave de sol en donde viaja la belleza inmortal nefertiliana.
La poesía chifló tu realidad, hoy no puede alinearse con las fechas
que humedece el etílico de otoño. ¡Y desde ya! Recita tu condena
ante la charca límpida y tranquila donde una y otra vez se ahoga Ofelia.
Haber sabido ayer que tus pisadas, en lugar de a maestros pitagóricos,
te llevarían al grupo más confuso, al grupo que de pie entre las ortigas
al elevar sus cantos, polariza lancetas de colmenas errabundas.
Por todo lo que amaste; entre tus dedos se enredará el crepúsculo del hombre,
se enredará la voz de las montañas, se enredará el amor de las palomas
y volverás de nuevo a tus mansiones a divertir y a presidir las almas.
Todo lo que buscabas se ha perdido, lo dejaste extraviar por redundante;
y tarde, ya muy tarde... has comprendido que el arrugado y fraternal destino
que te abrazó veía en ti… simplemente a otro pájaro cantante.






CELESTE

Mi pluma está de beneplácito.

De Celeste a Materia la voz fluye como agua,
coincidiendo con todo lo gloriado, 
sin paisaje aristado con niebla o vaguedad,
o cielos que exhiban 
farsante ruido de campanas.

Palabras resbalan por nevados de papel
como barcos sobre un mar agitado;
sobre un mar que aún no se despierta 
porque busca vanamente repetirse 
en sueños recurrentes.

Resido en griteríos y balbuceos plenos de arrobamiento.
Verano husmea casi en la agonía 
de esta caída noche;
confuso ante el paisaje de árboles sin ruiseñores,
y oscuridades sin luciérnagas.
Intento volar al universo, desde este punto de agasajos,
(donde un perro destruye la sequía del sonido)
pero el follaje de los astros es denso para este fervor engrandecido
con Celeste a mi lado ofreciéndose al hambre de mis besos.

Aprendí, por osmosis, 
su dilatado repertorio de aspavientos 
al tenerla constante junto a mí;
rehabilitando formas, comisionando sueños;
y cuidando y maltratando brotes de una planta
que vivía en lobreguez y frenesí.

Su refulgencia de manzana 
se infatuó con incertidumbres
allá en el plan de un río de precámbricas piedras,
donde hambrientas visiones andaban errabundas
y el sanguíneo emisario era un púgil infante.
La luna, llegó a la cumbre de una loma 
para adornarse con las máscaras 
del orbe de los muertos.
Y una marea de andarines cometas 
cruzó por el espinazo de la sierra
que tiene muchos pinos 
e incontables secretos.

Nuestro romance olía a vaho de meteoros,
vivía en melodías que no se iban del aire,
se percibía en besanas donde infecunda hierba
veía en pesadillas una hoz delirante.
Yo distinguí su aroma y carne bendecida
en los días de lluvia y de frío constante;
cuando llegó cantando: “¿Quién es quien nunca muere?
¿Quién es quien no abandona? ¿Quién es quien sólo nace?”

Celeste de mis días y mis noches…

Azúzame con bocanadas de neutrinos
ahora que zurzo con hilo de tus ríos
el árida epidermis de lomas y montañas.
Transpórtame al festivo hogar del filarmónico
para abatir los goznes de sus puertas
con mi ariete de aullidos y palabras.
Remíteme a las puertas de nuevas mancebías
para robar mujeres transitorias de otros
en mis últimas noches y en mis últimos días.

Ahora que los sordos jeroglíficos del ardor me pueblan...
Llévame a la fría Nube de Ort
para atisbar la vestimenta nívea
que te prohíbe nuestro padre el Sol.
Purifícame en esta parte ególatra del sueño
que llega precediendo al triunfo y la agonía
del heredero.

Hoy renuncio al mérito de experiencias estatuarias,
y renuncio a la fuerza de la fuerza
que tenía cada verso con mi nombre…
¡Para adorar tu imagen!





TRANSMIGRACIÓN

Pronto...
dejaremos la fibra que llevamos
para habitar el mundo de los sueños
que pueblan fantasmas desterrados.

Ya nunca viviré en tu pensamiento,
en la matriz del mío
tampoco vivirás,
seremos parte de un coágulo
que envuelve todo lo que ya no está.

Ahí no buscarás el pintalabios
ni adorno que poner en tu cabello,
seremos dos barcazas que han llegado
al esperado abrigo de su puerto.

Dios mirará
la inmensa cicatriz de nuestras almas;
la cicatriz que muestro cuando escribo,
la cicatriz que exhibes cuando hablas.

Y tal vez...
a nuestro amor asignará un templo
en la parte más lumínica y florida
que hay en el cielo.




ANONIMATO

Escribo diferente en esta parte
que enraíza en los campos de suspiros
y vive aún para pensarte.

Los consejos infames ya se han ido
como lobos de niebla, por pinares,
regando la espuma que envenena.

Imagen sin retorno y sin descanso,
hospédate en la hoja 
de este papel blanco,
respira junto al hombre que recuerda,
apegada al decir... que tiene permanencia.

A la eterna distancia
el minuto sin fe va persiguiendo,
a ella dejo
la palpitante fiebre de mi lengua,
la reflexión de lo que soy
y el rosal de palabras que ahora tengo.

Sentado en el piso de este cuarto
donde nadie me busca ni me nombra,
visualizo veredas
en montes que son irremplazables
por encerrar, callados, tu presencia.

Para qué yo te bese y acaricie 
cuando estés sola;
cuida mis manos,
y la frialdad enorme
de mi olvidada boca.




FUGA

No murmurabas nada,
eras el ocio enfermo
que salía a tomar sol,
con semblante amarillo 
y una varita de hada.

Decías otros nombres,
luego te diluías en las tardes nubladas.
El peligro del mar, era muy poco entonces,
y con hijos del miedo llegabas a las playas.

Fuiste a ver los canarios que salvarían al mundo,
 y de oscuros hangares sus voces te gritaban:
-¡La filicida boca del hambriento Saturno
acecha nuestras almas desde nubes que pasan!-

Esa crónica amarga desarregló tu vida
cuando en las otras costas tu nombre yo exhumaba.
Luego, llegaron aves
volando en espirales
y con fuertes graznidos
nos atemorizaban.

Escapé a la mirada temprana de tu augurio;
con el trote ascendente que a los suspiros cansa.

Te perdí cuando estabas por conocer el drama,
y vine a recobrarte 
cuando empezó la Riada.

Hoy tiemblas junto a mí,
hoy la creación me agrada...
Regálame un momento para tocar tu alma.
Antes que de las cuevas... todos los diablos salgan;
en especial, los míos,
qué tanto daño causan.



MI CASA DE LA HUERTA

Siempre me despiertan con las mismas canciones...
No puedo decir nada.
Se terminó mi voz al llamar las estrellas
desde aquellos espejos de tristeza
que figuras borrosas reflejaban.

No sé cuánto pesan los espectros de noche 
que traen en sus espaldas.
Gritan frases inmensas como el aire,
detrás de los abetos que hay cerca de mi casa.

Tal vez entre sus cantos la vida les renace,
y con sus largos gritos masajean sus almas.
No encuentran equilibro en el día ni la noche.
Son polvo de los granos,
molidos por un beso,
que proyectan al aire, mil alas asustadas.

Yo no quiero escuchar a esos hijos de nadie,
voy a dejar el vientre de esta apacible casa.
Las guías de madreselvas crecerán por las puertas
crecerán por el techo y cubrirán ventanas.
Yo estaré descansando en la huerta tranquila,
donde están mis naranjos 
y sosegada casa.





RAPSODA

La seguían los mastines cuando rosas del alba
sobre páginas blancas se volvían palabras.

Aleteadoras tardes llenas de sol y agua
describían paisajes donde moría su patria.

En las horas del grito, para caer en gracia,
por veredas nocturnas iba al monte del aria.

Dijo “¡Adiós!” al profeta que por las tardes canta
cuando los magnos fresnos lloraban en la plaza.

Se permitió el recuerdo tremolante del arpa
cuando al ángel enfermo le anocheció en su casa.

A ríos subterráneos del ensueño bajaba
y renacía el embrujo del ave antigua y blanca.

Una vez el sabor de verso en la garganta,
le cautivó la voz... y voló tras la garza.




BUSCA

Busca el alma de las cosas,
y el ruido simbólico del viento
a orillas de caminos que florean.

Te observará un ángel tartamudo
desde una vieja nube
que vaga errante por el mundo.

Él cuidará tus pasos
en los días que tiemblan,
y él velara tu alma sofocada,
cuando vaya, romera, por la niebla.

Él te guiará a chupar razonamientos
en las ubres que lloran.
¡Eso requiere el prohibido cuerpo
de tu arrastrante historia!

Tus preguntas irán por noches sin respuesta;
y lo que buscas, pasará dos veces,
antes de perderse para siempre.

Luego,
olvidados en el frío
como dos caballos sin establo
andaremos, tú y yo, sobre la nieve.




EL NIÑO MUERTO

El niño amaneció muerto, sentado en el columpio.
El aire lo mecía, dándole un ritmo justo.
Ayer gustaba mucho en este territorio,
ahora, es difunto. 

La escarchada mañana
se despertó con gritos 
que hacían poros en el cielo,
con ruido de altavoces
y rugidores vientos.

Fui a caminar al mar, para olvidar al niño;
los gansos pasaron 
en ordenado vuelo,
trayendo a mi memoria
otros niños ya muertos.

Cuando abrieron los bares,
actores y cantantes habían vuelto;
-enviados por los Hombres del Oeste-
todos entonaban la canción 
que me asustó a principios del milenio.

Nadie comprendía mis palabras
cuando alzaba mi copa
brindando por el alma
del niño muerto.





NÓMADA

No me pidas limosna,
si te doy lo que tengo,
ambos seríamos pobres bajo el cielo.

El tesoro que buscas,
está escondido en campos de la tierra.
Tal vez lo encuentres
si alguna vez ayudas 
en tiempos de la siembra.

La verde clorofila
abandonó las hojas de los árboles,
quedaron la roja y amarilla
con que se adorna la estación llameante. 

Pronto vendrá el invierno
para llamarnos por el nombre triste
desde un viejo brasero.

No le diré que andas
perdido en los caminos que no acaban,
porque sólo se pierden
quienes tuvieron patria.




LEJOS DE ELLA…

Ímpetu de locuras, 
ímpetu de grito en sanatorios;
ya no importa del beso el mecanismo,
ni interesan pasiones que se ahogan
en las quintas del agua
y en labios que se hacen esperar.

Rápidamente devenían palabras
haciendo sacrificios 
una, y otra, y otra vez más.

En ese reino de figuras
me iba levantando poco a poco;
igual que la famélica neblina
en terrenos que yacen junto al mar.
El espectro del sueño
parecía dulce.
Mi piel dejaba de podrirse entre la lluvia
y ensayaba a esconderse en el azahar.

Sombras flotando en el frescor del berro
tercamente llamaban con su voz.
Yo no podía acudir;
porque mis huesos proseguían blanqueándose
en la quieta llanura
que había quedado atrás...;
junto a la misantropía,
y junto aquellos poemarios de infortunio
que levemente parecían
la fealdad de mi alma revocar.

Todos ignoran que la muerte empieza
en el momento en que ordinaria gente,
ya no puede pensar ni acariciar.

A veces tiemblo porque aún existo
en el mundo del sueño
ya sin mirar el sol.
La demencia es una madre que no llora
y no avanza;
porque anda hacia delante y hacia atrás,
envuelta en una sabana de sombras,

mirando sin mirar.

Mis ejércitos
están lejos del arrobo;
como un ofidio talismán se arrastran
por veredas que no llegan a nada
y por hierba indigesta de esperar.

Ante el color punzante del acero
no temblaré ya nunca más.

Sorda a la falta y al deseo que grita
irá la farsa que me trajo al mundo;
la que llevó inmadura ostentación
de trágicos y fríos pavos reales
al orbe que esperaba, y al conjunto
de fiebre, ruido y furia,
que se movía insistidoramente
como el mar.

Hoy, la extraña mujer no entiende lo que dice.
Ya no puede ejercer dentro de mí
con sus largos dictados de capricho.
-La arena de los años ha pulido su piedra-.

¡Me seguía enloquecida!
Como si el único tiempo 
fuera el de las hembras.

Un poco más…
tiritando en la frialdad de este refugio
y en el gran latrocinio de la espera.

¡Le irá de gloria!
pero nunca tendrá la certidumbre
de haber hecho de mí… 

Otro poeta.




ESPERA

El tema saborea 
una afectación de preceptos
en el tumulto grande 
del belicoso tiempo.

No vienen ministros de la noche
con esplendor de lunas imperiales
a cautivar paisajes 
dormidos en motivos del invierno.
Las formas excelentes de elocuencia
no invaden el discurso
ni lo esclavizan en su propio trono.

Con negros caireles de ternura
la noche me cobija
en las horas más altas de los sueños.

Escucho retumbos de pisadas
que da la madrugada de memorias
en el sopor adverso.
Al oírlas, recuerdo;
tropeles de yeguas espantadas
y duendes con aspecto de viajeros.

En variantes antiguas
que pueden cautivar al pensamiento
espero al corazón de los lectores,
pero su andar es lento.

Ignoro dónde estoy…
con mi sollozo grande y mi silencio;
y qué efecto tendrá
la peregrina y diferente voz 
que abre las puertas del misterio.

Si mis luces existen… ¿Dónde están?
Ellas, que soles altos persiguieron.
Ellas que a tranquilos mediodías
con flores de nubes coronaron
al ir andarinas por un rito
memorable en el pliego de los cielos.

Actores y cantantes arribaron
para ejercer dominio sobre el pueblo;
y por refugio sólo me dejaron
la oscuridad de confundidos versos.

El Ángel de la Muerte con su amparo,
aletea en la sombra de las rocas:
-un aire fresco con olor a musgo-
respirando…




FRUSTRACIÓN

¡Paralizada iglesia!
Iré a la vecindad de grandes mares;
a la pugna violenta de las aguas
a suprimir imperfecciones bautismales
con enjambres de rayos 
que extirpan la inmundicia de las almas.

Desgastaré mi voz en las canciones
que aprendo en el gozoso cautiverio
de múltiples especies de entusiasmo
y trances de histórico provecho.

Destruiré la confusión de ideas
con esta cordura universal
que hace girar del mundo las poleas.

La erudición de tóxicos vapores
activa delincuentes pensamientos
al encomiar sofísticos profetas
que extravían a inexpertos misioneros.

Luego ordena jerarquías y diferiencias
enalteciendo voz de aberraciones
y trágicas fiebres del infecto.

Melancolía de cantos flagelados,
desecración de pecadoras manos;
la transgresión de alternativos humos,
muestra de arte, sin vida, en los esclavos;
residirá en las costas de las islas
que barren los vientos putrefactos.

Lanceteadora muerte,
con la opinión de nébulas y estrellas
y horas frías, de agobio, que me restan…
hilé para tu cuerpo estos vestidos.

¡Es la señal de contrición que ofrendo
en esta larga noche de alaridos!

¡Escucha, intercesores, mis obispos!
Olvida los pecados celestiales
que ayer con vigor involuntario
cometieron mis hijas y mis hijos.

No los dejes gemir entre tus brazos,
no dejes que los trague el Padre Tiempo.
Hazlos brincar en llamaradas
curativas que tienen los alientos
de lejanas galaxias…
Aíslalos de todo lo inferior,
no los dejes caer;
en el Contagio que preside este momento.

Hoy todo ha corrompido un mal principio,
el absurdo confuso es un empeño
que trae literaturas detestables 
a mi sueño.

Pasan diariamente por la calle
gusanos de largas procesiones
en danzantes manías;
descarriados proclaman
un risible progreso.

Voy a cerrar las puertas de la vida.
Hoy desconecto, al fin, mi pensamiento.
Las paladas de tierra sonarán
en mi féretro hueco:
como un “adiós” del que a su hogar regresa
en alas pacíficas y tristes
del silencio.


DOBLEGAMIENTO

Porque te quiero igual, paso temblando
por la calle invernal en donde vives;
llevando entre mi pecho el contrabando
de un afecto ilegal que no recibes.

Una mirada trajo el perdurable
embrujo, que aparenta ser delito,
¿Cómo puede un segundo deleznable
forjar algo que alcanza el infinito?

¿Quién eres tú para robar mi sueño,
cuando en sublime enormidad te expandes?
A veces, el abismo más pequeño
es menos eludible que los grandes.

¿Cómo cuidar esta versión sencilla
de luz, excitación y arraigamiento?
¡Si cuando más reluce y maravilla…
encuentra una vereda al descontento!

No hay otra forma ya para rogarte
en esta vertical de medianoche.
Iré al resguardo cóncavo de mi arte
a expresar el dolor de mi reproche.

 

PROMESA

Vida, 
lo que resta de este mar sin pescadores
y esos pétalos flotando sobre el agua;
no remiendes jamás
sobre el largo vestido de tus dramas. 

¿Cómo creer en ti?
¡Si has robado mi óleo de confianza!
Hoy eres una niña ante mi ruina,
una niña que punza mi silencio
con infecundos ruidos de sonaja.

Ayer compuse la canción gigante
que iba a ser cantada
por ríos de voces formidables
en los teatros situados al Oeste 
de tu espalda.

Esa canción remitiré al olvido
para vivir mañana.
No esgrimas jamás otra promesa,
ni confundas de nuevo mi apariencia
con rasgos distintivos de otra cara.

Te invito a los heroicos esponsales
que celebra mi Fe con la Fatiga.
Y espera de mi caos el retorno…
¡Aún no termina de tocar mi lira!




EN MI PUEBLO

Son mías las tristezas de las casas que lloran
en este suelo viejo de proyectos pequeños.
Y son míos los ahogos que padecen en sueños
los duendes provinciales que en esta parte moran.

Son mías las solteras que siempre se enamoran
de rostros extranjeros que aparecen risueños. 
También es mío el aire que manifiesta empeños
en perfumar las frases de las bocas que imploran.

Es mío todo esto… Con procesos complejos
ha intentado el destino mis pasos confinar
a sitios que se encuentran, de mi terruño, lejos.

Pero en sueños felices… acierto regresar
-como voz de paloma rebotando en espejos-
a este paraíso que un día fue mi hogar.




PARA M.E.

¿Quién te enseñó a llorar
esas rosas pequeñas
y agrisadas que tienen
perfume de lamento?
¿Fue la nostalgia grande
que exhibes cuando sueñas
amantes recostados
sobre el cesped del viento?

¿Quién te enseñó a escribir
(con vendaje de plumas)
esas frases que aúllan
un enfermo: "Te quiero"?
¿Fueron los bellos rostros
que besaste en las brumas,
y que tenían labios
sin ningún asidero?

Voz de conflictos grandes
y pecho enardecido,
nunca viste la noche
que tu "galeón" traía.
¡Capitana exaltada!
Al dormir en tu nido,
no viste que con él
también el mar volvía.



ROBO

El embrujo que hicieron para siempre
a esta enjoyada casa de oraciones;
ha dejado una progenie de palomas
volando aturdidas en la noche.

Es inútil rezar
otros lo hicieron ya
y la deidad…
hoy no quiere ayudar, 
ya no responde.

Voy a hacer con la sangre regulada
que escurre de estos náufragos salobres;
un colorante rojo
para escribir en planas sobre el mar
salmos que lean venideras voces.

El dios de las tinieblas y los sueños
arruinó mis metrópolis.
Las jóvenes estrellas de los campos
ahora desconocen
las normas eternas que predica;
histérico, el Ministro de este orbe.

¿Qué proceso del tiempo, entre su mente,
vació la entraña de mujeres y hombres,
y puso un veneno que se va
huyendo al exorcismo de mis voces?

«En la presencia mía… ¡Nunca te multipliques!
A mi pequeña planta… ¡No destruyas el brote!
A mi barbado espectro… ¡Con tu ulular no asustes!
Carámbano de frío sentimiento,
cae ante el prodigio de mi golpe.»

Hoy sigo erigiendo más viviendas
en lugares perfectos donde a dioses
nacidos en Caldea y Babilonia
aún hay quien mencione.

Voy a exponerte al viento,
dios de abominaciones,
para que tú devuelvas
mi equilibrado nombre.

Deidad que habitas
de frágiles sueños el abdomen;
sin respetar la tea
de la heredad más noble.

 

DEFUNCIÓN IGNORADA

Vengo evadiendo las pequeñas muertes que traen los bandidos del camino en dagas de magnifica aleación.
Porto en mi seno mágica mandrágora para que no me toquen ni destruyan; humanos que no son igual que yo.
Monturas se levantan y dirigen a moradas de próximos difuntos, pero eso no me causa turbación.
Mi existencia se encuentra protegida por ocultos poderes de la tierra y murallas que elevo con mi voz.

En álgidas palabras mis poemas elevan admirables gratitudes al trono majestuoso del Señor.
Y salgo de la casa de las ruecas en traje de entusiasmo revestido y armado con la fiebre del furor.
Avanzo por hierba estremecida que no ha sido tocada por las manos simpáticas de la denigración.
Mis versos como herreros incansables martillan sobre yunques, delirantes, desde que nace hasta que muere el sol. 

Actualmente, consignas diferentes no hacen valederas las pequeñas monedas de mi gran resolución.
Actualmente la orilla de mis mares no exhibe respetables desembarques como en otras edades recibió.
Trabajo con vocablos dislocados que salen de mi pluma alegremente heridos por efectos del alcohol.
Y gozo cuando el hado conflictivo, invierte largas horas en ponerme; enemigos en cada pantalón.

La madre que yo nombro y me precede, anémica, transita los caminos sin muestras de su prístino vigor.
Avanza como un tiempo sin presencia, mostrando una fractura en la cabeza, que no supo ni quien le propinó.
Su espíritu sin cuerpo es ahora un heraldo de Venus en la aurora más fría que tiene la creación.
Yo soy el imparcial que va de cerca, evitando los riesgos de caer en uno de los poros del panteón.
No quiero ser volado como el resto por la racha gratuita y caprichosa de insípida y absurda inspiración. 



VIDA…

El aire trae frases que dejamos
en el sumiso pecho de la noche;
Un sinfín de recuerdos trae el caos
y el mundo sabe a sufrimiento enorme.

Un poco más en la cambiante celda
que el pensamiento diario descompone,
un poco más en el licor que rueda
por la arteria agradable de tu nombre.

Casi llego al extremo de mi viaje,
casi organizo ya mi gran desorden.
Tus ansias de avanzar son incurables;
eso te hace olvidadiza y joven.


NOCHE TRISTE

Muy quedamente ahora penetra en mis oídos
el rumor inasible de los que ya no están.
Hay en el patio un mundo de fantasmas caídos
y flores que se fueron y no regresarán.

Respiro débilmente porque me siento triste.
La caricia amarilla del moribundo sol
al llenarme de ti, en escribir insiste,
pero mis versos nacen sin forma ni control.

¿Cuántas largas contiendas he de librar de nuevo
en estos reinos grises y fuerte depresión?
¿Cómo debo servirte... Cómo encumbrarte debo?
Si ya no hay pedestales para tu adoración. 

Aún cuando me dictas, el sueño me despuebla,
aún tísicamente, paseas como ayer,
levantando pequeñas figuras en la niebla
que suaves vientos tocan y logran deshacer.

Verbo del verbo inmenso, nadie podrá encontrarte;
morirás sin el pulso que otorga vida al mar.
Y marchará conmigo el milagro del arte
que ya a ningno instiga por venir a buscar. 


 

SOLDADITOS

Algo prosigue a veces en las ramas del cielo,
en esas copas altas donde observa la Virgen.
Con fresnal armonía expresarlo no puedo
y busco precipicios en los cuales hundirme.

Doy vueltas en elipses buscando tus memorias
en el cuarto vacío de fantasmales arpas;
me acompañan zureos de lejanas palomas
y el recuerdo feliz de recientes palabras.

Voy a marcharme lejos para no serte infiel,
me llevaré la tropa a lejanos exilios;
diré a mis soldaditos que dejen tu cuartel
aunque sea media noche y estén semi-dormidos.

De mi ruido, el silencio, ha de borrar las huellas;
no quedarán pitidos ni constantes redobles.
Dormirás apacible sin escuchar cornetas
ni rumor lloviznoso de pequeños tambores.

Irán mis soldaditos por valles y cañadas
con marchas y con dianas marcando alegre paso.
Tal vez mueran de frío en las sierras nevadas
recordando tus besos bajo un sudario blanco.


VUELTA A LA PÁGINA PRINCIPAL