Poemas de:  Humberto Garza Cañamar



ÍNDICE

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BARQUERITA RECORDÁNDOTE
MAÑANA FINAL
DILUVIO SIN RUMBO
SÓLO YO PET SHOP
EVOCACIÓN HA DE SER DE LA UVA
AGONÍA FERIA
PROFECÍA A UNA MODERNA PENÉLOPE ACUARELA
ESPRONCEDA NOSTÁLGICO
CAÍDA AÑO NUEVO
LLAMADA HIPOCAMPOS
GRILLO UN RECUERDO
TRISTEZA TIEMPO EXTENDIÉNDOSE

 

BARQUERITA

Grabación en MP3

Al atisbar la tarde, miro las nubes grises
flotando en el silencio del oscuro marjal,
ahí estás barquerita con los ojos felices,
diciendo que las cosas no parecen igual.

En saco de tiniebla guardaste mi memoria,
no escuchaste, de lejos, mis angustiados gritos;
cubriste con ceniza la mañanera historia,
y en el jardín crecieron los cardos infinitos.

Tu imagen ha emigrado al fondo del recuerdo,
ya no alumbra, no huele, ni emerge en mi pasión;
hoy es difuso embrollo en total desacuerdo
y pesadumbres grandes ahogan su razón.

Profanaron tus luces caminerita ausente,
¡dieron muerte a tu gallo las madrugadas frías!
Se te desploma el mundo y tu alma no lo siente
pronto vendrán las noches a llevarse tus días.

Oírán tus oídos mil extraños rumores,
y el círculo sagrado que habitamos los dos...
quedará en tu memoria como un jardín sin flores
donde plácidos vagan los ecos de mi voz.


RECORDÁNDOTE

Ahora estoy cantando en el país del sueño
donde vuelan cortinas de nieblas olvidadas.
Envejece mi voz en un reino pequeño
bajo un frío diluvio de lágrimas aliadas.

¿Eres tú, maravilla, que en esta lluvia cae,
y con tamborileos no me busca ni llama?
¿O eres un reflujo que se atrae y retrae;
ajeno totalmente a mi ordinario drama?

He vuelto a los resguardos de estos corredores
con los grandes agobios que me dio la distancia;
vine a ver si te encuentro rodeada por flores
en este antiguo patio repleto de fragancia.

Aquí es donde empezaron las altas melodías
y el fuertísimo brillo de grandes espejismos,
aquí fue la “salida” de magnas fantasías
que tenían por meta dilatados abismos.

En este punto cumbre brotó la sinfonía
que hoy parece llegar al sitio concluyente;
su ritmo no es el mismo, ha perdido energía;
hoy vibra en el espacio y muere lentamente.

Quedaron bajo el peso del amor, inclinados,
los versos que escribí ¡y siempre aborreciste!
Y ya no me interesan los ojos asombrados
que llegan a mirar el estrago que hiciste.



MAÑANA

No bordaste el pañuelo
que yo pedía,
voy a marchar sin él
por esta vida.
Si llego al cielo
no llevaré de ti
ningún recuerdo.

Sombra de naranjales,
azul del cerro;
oprimiendo palabras
me voy del pueblo.
Lluvia de cera
cubre y preserva todo
hasta que vuelva.

Éxtasis mañanero
ve por el viento,
y mi suspiro en llamas
te irá siguiendo.
Levanto el ancla
para seguir el rumbo
de mi esperanza.





FINAL

Mantel de centro intacto,
yo escribí un poemario
que está en alguna parte de este cuarto.

Sudoroso florero,
he regalado el tiempo,
ya no tengo objetivo ni recuerdos.

Fresca risa de agua,
me jala una palabra 
al ver que amanecí muerto de nada.

Envejecidas flores,
se ha marchado mi nombre
a la membrana tibia de la noche.

Sólo ustedes me quedan,
y el norte del poema
que ha de llevarme al centro de la selva
donde el ruido de lluvias siempre suena.





DILUVIO

Ayer fui con los curas de mi pueblo
a exorcizar el angustiado azogue 
del misterioso rostro de tu espejo.

Se disfrazó la rosa con tu nombre
y su perfume trastornó mi rito,
y el conjuro se fue a la medianoche.

Subiste al barco del antiguo mito
sin llevar la pareja necesaria,
y por cuarenta días no ha llovido.

La invocación nocturna fue una araña
bajando por los húmedos cabellos
del probo cabalista que nos falla.

En vano se enmascara tu evangelio
y se vuelve proteico como el agua.
Te seguirá por siempre un hechicero
con el poder azul de la palabra.





SIN RUMBO

Vamos sin paradero como todas las cosas,
tropezando en los cuerpos de minutos vacíos;
nos oprime el fulgor más actual de las rosas
y el faraón vehemente que oprimió a los judíos.

Enloqueció la noche al saberme contigo,
luego besó la estatua del ángel congelado.
El resto de la historia quedó en el tibio abrigo
del girasol que brilla en mi verso extenuado.

Al norte de mis ojos brillan menos las lunas,
allí es directa y simple la torpe humanidad;
nace en la incertidumbre de solitarias cunas
y nadie se adjudica su patria potestad.

De niño hice trabajos en madera labrada
y cubrí ciertas partes con azul terciopelo.
Hoy mi navaja blanca por el tiempo afilada
esculpe otras figuras en pedazos de cielo.

Se va poniendo el sur... de un brillante más claro,
mientras lluvias irrigan la fiebre de la mente.
Todo principio ha sido; frígidamente raro,
tímidamente gris, y ásperamente hiriente.

Se quema la mañana de mi angustiada aurora,
nadie puede salvar su cuerpo de neblina.
El abdomen de nubes de sombra protectora;
hoy con ardientes rayos me busca y asesina.

Hemos perdido todo sin renunciar a nada;
lo nuestro fue combate de esfuerzos infinitos.
Porque yo fui tu adepto y tú mi eterna aliada
jamás abandonamos nuestros mutuos circuitos.

 



SÓLO YO

Grabación en MP3

Se van muriendo tus palabras,
mi viaje termina sin tu voz.

¡Solo yo! 
En el peñón altivo de tu alma,
en el silencio grande de tu alma...
¡Solo yo!

Tu mano cruza por el aire y deja
vorágines de amor en la creación,
luego hiere mi piel y mis tejidos
con abatidos tonos
de una escala menor.

¡Solo yo! 
Sobre la cresta hermosa de tu imagen
¡Solo yo!

¡Yo, nada más!
¡Nada más yo!
Vibrando en el alma de tus cosas,
rodando sobre el eje de tu mente,
creciendo en el abdomen de tu sombra
y amando el blanco mármol de tu frente.

¡Yo, nada más!
en la armonía de tu canción.
Enloquecido en el vaivén de tu alma
¡Solo yo!

Dentro de todo lo que huele a ti,
cubriendo todo lo que sabe a ti,
dentro de cada letra que te busca
desde un clavel que escribe sin saberlo
¡Solo yo!





PET SHOP

Están lloviendo gatos en mi rancho,
parece que nunca va a escampar,
sombras y luces cruzan mi ventana;
hacen muecas, me gritan y se van.
Llegan maullidos de las milpas
y llegan maullidos del corral.
¡Qué noche! Esta noche, ¡Galileo!
Llegó a la tierra bruta Satanás.
¿Quién hizo poros grandes en las nubes?
¿Por qué esta segundona tempestad?
Está lleno de gatos mi potrero
y está lleno de gatos mi jacal.
Darude en un Remix llega de lejos
tocando el tibio y espinoso vals
que yo bailaba cuando estaba sano
con princesas más blancas que la cal.
¡Qué gran acobardada estoy sintiendo!
Ovinos y caprinos ya se van 
guiados por mis perros ovejeros
y el chivo, de mis cabras, semental.
Emerjo delirante y voy con ellos
a encumbrarme a los cerros de la paz,
me guía la ternura de Ifigenia
y su miedo infinito al más allá.
Los gatos me persiguen con sus ojos,
ya sus pulgas me empiezan a picar.
Lejanas carcajadas de cisternas
me siguen por el bosque fantasmal.
Los gatos me rasguñan... el rebaño,
camina testarudo sin parar.
Las nubes descubren una luna
que exhibe un turbante musulmán.
Los gatos me destrozan con sus uñas...
¡Mi cuerpo lejos del rebaño está!

¡Piedad! ¡Piedad! A la engendrada voz.
¡Misericordia, Dios de Abraham!
¡No dejes la flama de esta mecha
abandonada en esta tempestad!
Los gatos me devoran... estoy solo,
vuelvo a ser indefenso una vez más.
¡Apiádate de mí, Dios de Israel!
¡Apiádate de mí, augusto Jehová!
Signore, pietà Signore, pietà 
Cristo, pietà Cristo, pietà 
Signore, pietà Signore, pietà
¡Aaaaaay! ¡Aaaaaay! ¡Aaaaaay!




EVOCACIÓN

Grabación en Mp3

Nos amaremos más cuando la hierba crezca
y envuelva los caballos que asustaban al aire,
y envuelva aquellos potros que iban cual cometas,
convulsionadamente, en un macabro baile.

Le robaré tus besos a meteoros de Australia
y a electrónicas lluvias que bañan pastizales,
y gritaré, radiante, que la suerte no es mala,
porque la suerte tiene, para andar, muchas calles.

Buscaré tu figura en los ríos del tiempo
¡Mitológico aspecto de excéntrico donaire!
Buscaré tu figura para llevarla lejos
a mirar los canguros a la tierra de nadie.

¡Persistente locura! En los días aciagos
cobra vida el fantasma disuelto en la memoria,
y empieza a galopar como hacen los caballos
después de haber pastado en los campos de euforia.

¿Llegan a tus oídos las palabras de mi alma?
¿Llegan a ti las voces de viejos caminantes?
No me respondas hoy, respóndeme mañana,
cuando esté más tranquila tu celestial imagen. 

Ayer, al recordarte, sangró la vieja herida.
En esta gran planicie ¡No te deseo menos!
Pienso: ¿Estará soñando como estaba Cristina,
sentada en la llanura, mirando siempre lejos?

Amazona vehemente cabalgando en el río
donde purpúreas alas de cardenal se baten;
libera la serpiente que muere en el delirio,
hazla volver de nuevo al trópico de antes.

Te sigo imaginando en la cara del agua
proyectando a la vida ambarinos colores.
Te sigo imaginando, conflictiva adversaria,
dentro del receptivo cóctel de medianoche.

HA DE SER DE LA UVA

La hebra de mi paño
ha desgastado el tiempo,
en mis dedos abstractos
el aire sigue enfermo.
Tengo aprensión dormir
y caer en un féretro
que se lleve mi alma
para siempre, muy lejos.

Ha de ser de la uva
el efecto maléfico.


El viento encoleriza
máscaras de silencio,
los muchachos pernoctan
en campamentos, ebrios.
Como tranquilas aves
sin levantar el vuelo;
van los días por atajos
picoteando misterios.

Ha de ser de la uva
el efecto maléfico.


Huidizo placer,
ayer ardiendo en celo;
hoy mórbido muriendo
en mi angustiado verso.
¿Quién embrujó mi carne?
¿Quién secuestró mi sueño?
ahora soy caverna
 que repite los ecos.

Ha de ser de la uva
el efecto maléfico.


Qué pavor a dormir
en el jardín del tiempo.
Ya ni las esperanzas
me sirven de remedio.
Alguien le puso al día
vestidura de hielo,
y no calienta ahora
mi cobija de tedio.

Ha de ser de la uva
el efecto maléfico.




AGONÍA

Grabación en MP3 por Humberto Garza

Grabación MP3 en la legandaria voz de Rafael Taibo

Dondequiera, ya no es alguna parte,
ya no es hotel, ni plaza, ni alameda;
ya no es un restaurante
ni una casa friolenta,
donde todos acechan;
amargando el frescor de la sorpresa.

Se terminaron todos los lugares,
los destruyó la vida sin decirme,
los destruyó el destino sin contarme;
los destruyeron, para destruirme.

El éxtasis, no corre por mi carne,
crucificaron todos los momentos,
y mi vista no es nave
bregando en las ondas de tu cuerpo.
A veces, la llovizna,
trae aroma distraído de tu aliento,
y emigro a los túneles de octubre 
a fumar y a degollarme en tu recuerdo.

No ha pasado la crisis,
y no podrá pasar, es lo que siento.
En ninguna parte
te encuentro.
Tenemos que buscarnos mucho, mucho,
con deseo fuerte y pensamiento;
desgarrando las casas con la vista,
viajando en la alfombra del afecto.
Tenemos que buscarnos,
en el pecho y la espalda, si es posible,
del tiempo.

Yo, te miraba de reojo,
mostrándome discreto.
El ámbito aceptaba mi soborno,
y sentía que el momento
y la vida...
¡Por fin, valían un poco!

Voy a peinar la ciudad de arriba abajo,
voy a poner en la nariz de mi sabueso
la parte tuya que dejaste en mí,
para que rastree tu recuerdo;
en la tierra y el cielo, 
para ver 
si te encuentro.




FERIA

Grabación en MP3      Ilustracion

Los caballos giratorios,
blancos y de crines negras;
con ojos inexpresivos
y frentes llenas de estrellas.

Subiendo y bajando van
con los niños vespertinos,
con los niños de alegría,
con los niños distraídos.

Un ángel ensimismado,
sopla, sonriendo, de lejos;
y una dulce canción brota
en las hojas de los fresnos.

La tarde llena de gloria
sonríe como una madre;
meciendo niños felices
en el regazo del aire.

En vano los campanarios
cansan lenguas amarillas,
recordando que ya es hora
de pasar a oír doctrina.

Con beatífica sonrisa
y continente radiante; 
El Mesías se maravilla
con los niños de la tarde.



PROFECÍA A UNA MODERNA PENÉLOPE

Grabación en MP3

Negarás para siempre los recursos alternos,
y espiarás en el agua, galaxias reflejadas.
Escucharás secretas canciones de los remos
y suspiros de naves bregando en la distancia.

La patrulla distante arrestará tu boda
y en una jefatura la mantendrá en secuestro.
Después escucharás la funeral paloma
que zurea en los escollos de tu glaciar enfermo.

Las delicadas voces reptarán por el suelo
evadiendo el abdomen de tu jarrón dorado.
En la fiesta del aire esconderás tu anhelo
reacio a paladear hasta el último trago.
El temblor de tu sueño planeará por el tiempo
lleno de cicatrices, y ojeando de soslayo;
hasta que la memoria y el ladrido de un perro
presenten a tu espera el ansiado milagro.




ACUARELA

Respirabas en mí, en mí; pero muy dentro,
como los tiernos brotes de una planta pequeña.
El aire de tu vaho llegaba al pensamiento
dándole vida al canto del pájaro que sueña.

Corrías en la sangre de mis noches ingrávidas
y en los ríos crecidos de minutos sin fin;
después, como una lluvia perdurable de lágrimas
caías en el golfo que ronda mi delfín.

Piel rizada en la tibia caricia de otras manos,
verbo de la neurosis deshecho en el trastorno;
brújula sin imán, dirigiste mis barcos
en una travesía que no tuvo retorno.

El derecho al amor que ejercían tus ojos
era el escrito largo de una pluma inexperta;
buscando pertinaz, maravillas de un cosmos;
y percibiendo sólo... mi geografía desierta.

Las mágicas reuniones de mis dudas antiguas,
inexplicablemente, llegaban como niños
a desatar la enorme borrasca de tu risa
sobre el casto pelambre de enero y sus armiños.

Debí cansarte mucho, sin notarlo siquiera.
A los reinos de abajo mis reyes han caído.
La historia de sus vidas las sepultó la arena
del médano más grande que levantó el olvido.


ESPRONCEDA

Naciste en forcejeos de noches desalmadas
con la voz de un cosaco en graves ascendientes.
Llegaste de mesetas regidas por espadas
ofreciendo holocausto a guerreros valientes.
Bailaban en tu juicio pesadillas ahorcadas,
y dentro de tus ojos, calaveras sonrientes.
Y en la ación de la silla que la historia embelesa
traías el retrato de tu amada Teresa.

El Paladín del Cielo que a todos nos protege
-degollando implacable la perversión del sueño-
venía con tus frailes y ejército excelente
en medio de beato y militar estruendo.
Espoleabas ijares de místicos corceles
entre las pandas aguas donde respira el verso,
vibrabas en redobles de mágicos tambores
con el ritmo perfecto de tus estrofas nobles.

Los tosidos de sol y bostezos de luna
regían la dirección de tu inmensa fragata,
y en los espejos grandes de marina fortuna
destacaba furiosa tu imagen de pirata.
Las naves del tesoro caían una a una
cuando tu cañoneo les daba serenata.
Y el divino celeste que a Judíos embelesa
te hacía recordar los ojos de Teresa.

Manifiesto a la orilla de las épicas grandes,
arena de proezas que engendró la mañana,
español fantasmal de los tiempos de antes,
europeo Quijote, con europeas armas:
tu arcabuz demencial resonaba en el aire
con el macabro grito de funerales arias.
Corrían las estrofas por tus largas arterias
como el vino furioso que marea a la tierra.

La óptima energía de tu sangre española
era un extenso mar donde nada se estanca;
ahí se concibieron Elvira la manola
y el Estudiante cruel, que vivió en Salamanca.
Tu estrofa se irisaba en la parroquia sola 
donde monjes cantaban su plegaria más blanca.
¡Tu pluma destellaba con la finura expresa
que obtuvo del semblante de tu amada Teresa!

Los árboles dormidos, sin luces en las copas,
soñaban con el beso lejano de los aires.
Tu efigie desataba fervor en otras bocas
que no eran la soñada por tus ardores grandes.
La creativa llama de productivas horas
llegaba a la presencia de tus jóvenes tardes;
y al hundirse en la sombra de tu negra melena 
surgía como otra llama en melena más negra.

Marea roja de estrellas, tu espíritu fecundo,
oraba intensamente como judío converso.
Tu centelleante ritmo en el ardor profundo
sacudía las fibras de todo el universo;
y el joyel negro, alado, de tu gran “Diablo Mundo”
en un mar de penachos fulguraba diverso.
Tu amarga voz llegaba a la eterna tristeza
de aquel rostro afligido que llamabas: "¡Teresa!"

Pájaro grande, enorme, al extender tus alas
exhibiste poder tirano en la Poesía.
Cruzaste la frontera de pasiones humanas
llevando el contrabando de oscura pesadilla.
Dejaste el cargamento en las llamas que abrasan
puertas de los instantes donde nace la vida.
No sentías fluir la sangre por tus venas;
pero sí luz de rayos dictándote poemas.

Movimiento inventado en ruidosa bahía
donde el eje amoroso es único testigo.
¿Escuchas desde afuera al giratorio día?
¡Tú no rodaste al fondo del último castigo!
En el otro hemisferio, sonríe con alegría,
el tiempo sigue siendo de tu genio el amigo.
Y el sol descomunal que todo lo emboveda;
custodia tu escritura... ¡Genial José Espronceda!




NOSTÁLGICO

¿Por dónde me derrumbo?
¿Por dónde estoy cayendo?
No me sujeta el aire
ni la mano del cielo.

Con mi clarín agudo
pitando siempre lejos
¡Murciélago del aire!
salgo a cazar insectos.

Revuelo panteones
donde el clangor de huesos;
bebe aguamiel de caña
el día de los Muertos.

La hora viste gris,
es un borroso espejo
donde se arreglan viudas
frente a sus hijos huérfanos.

Planeo sobre ramos
de flores y mi vuelo
zigzagueante es turbado
por ladridos de un perro.

Un águila chillando
termina con mi sueño.
Estoy, en una mesa
poemas escribiendo.

Y mis versos parecen
discriminados huevos
que gallinas rebeldes
en el monte pusieron.

Con los ojos cansados
por el peso del tiempo,
es difícil armar 
espejismos pequeños.

Para morir, tal vez, 
regrese yo a mi pueblo;
como mi tío Jesús,
con la guitarra al cuello.

El pensamiento va
rumbo a Montemorelos
en busca de azahar...
¡Y el derrumbe  es completo!




CAÍDA

Neutrónica señora del paraíso,
debilitada irisación de prismas,
paradigma viviente de un sol envejecido...
¡Mira donde he caído!

Murió la febril oscilación
de tu cuerpo magnético;
y fuimos cayendo, sí, fuimos cayendo;
-sin que tú lo supieras-
en la gradación onírica
que registran lancetas jeroglíficadoras
de escribas que trae y lleva el tiempo.

Catálisis geométrico,
en mi vaso de iridio
bebí el amonio de tus genes,
bebí líquido amniótico
especiado con runas
que saqué a la placenta delineante
molecular del estro.

Hoy, paladeo el absenta,
y me harto con hongos mazatecos;
para informar a las síquicas estrellas
con aullidos nucleares
que nuestro arte a muerto.






AÑO NUEVO

Tal vez tú me recuerdes en los poemas largos
que abrieron dimensiones en tus sabidurías.
Tal vez experimentes el temblor de otras manos
que se agitan con ritmo diferente a las mías.

En otros Años Nuevos cubrirá tu mirada
rosados horizontes con nubes en reposos,
Y vibrará tu cuerpo, y vibrará tu cara;
lejos de mis gemidos y mis suspiros hondos.

En la tenue llovizna que siempre trae diciembre
alguien dirá algún nombre con relación al tuyo,
y buscarás la voz que repetidamente
decía, tiritando; que te quería mucho.

La misma lluvia lenta, devorándolo todo...
la distancia, los sueños y el entusiasmo adicto;
devorará el recuerdo de mis besos miedosos
y los ecos lejanos de mi violento grito.


LLAMADA

Con demenciales dedos y terquedad molesta...
¿Quién golpea mi puerta en esta hora sombría?
Mi inspiración ahora se encuentra manifiesta;
debo escribir 'dictados' que me reporta el día.

-¿Es la costumbre ahora no abrir a los viajeros
que llegan fatigados de andar por los caminos? 
Debes darnos albergue, no somos extranjeros,
venimos de tu pueblo, ayer fuimos vecinos-.

Es imposible ahora brindarles hospedaje,
mi cuantioso trabajo no requiere testigos.
Debo escribir los rasgos del notable paisaje
que perciben mis ojos al abrir sus postigos.

-¡Abre! ¡Loco de atar! ¡Morador del infierno!
Deja la esquizofrenia que obstruye tu sentido.
No puedes continuar con ese desgobierno;
¡Profeta oscurantista! ¡Asceta retraído!-.

La casta ave de luz está bregando ahora...
con afiladas uñas el universo escarba.
Su creador le acompaña en esta impropia aurora,
con fatigados ojos y encanecida barba.

-¡Misántropo chiflado! ¡Excéntrico aburrido!
¿No tienes rudimentos de noble cortesía?
Quédate ahí insensible, solitario, perdido;
escribiendo 'dictados' que te reporta el día-.

¡Váyanse lejos, lejos! No quiero oír los ruidos
familiares de antes, en esta quieta casa.
Llévense la jauría de momentos perdidos
a instalarse en lugares en donde nada pasa.

-Quédate con la fuerza de tu expresión judaica,
renuncia a todo lazo de altruista sentimiento.
Da tu pan cuaresmal a la mente prosaica
que algún valor perciba en tu innoble talento-.

Eso haré con premura... incoloros transeúntes,
dejen de molestar con su ruido de grillos.
debo ir a reforzar los grandes descoyuntes 
que en mis planes abrieron vuestros gritos sencillos.

Lleven la ordinariez de sus charlas triviales
a casas, donde espero, sea mejor recibida.
La quietud y el espacio hoy son elementales
para grandes tareas que me exige la vida.

Sigan por el camino desprovisto de gloria,
váyanse a departir con gente como ustedes.
Esfumen esta puerta de su terca memoria
y que Dios salvaguarde vuestras rudas mercedes.



HIPOCAMPOS

Alguien me dijo una vez:
“El matiz del hipocampo
sólo tiene irisamientos
para el ser enamorado.”
Eso me dijeron antes,
eso me dijeron cuando
serenamente vivía
dedicado a mi trabajo.

Uno persiguiendo a otro
igual que fantasmas blancos;
iban insípidos días
tranquilamente pasando.

Al casi salir otoño
y el invierno ir empezando;
en un momento reactivo
¡Se desfondó mi letargo!
Y todos me vieron ir
calle arriba y calle abajo;
terca y repetidamente
por un nombre preguntando.

En mi pecho resonaba
como resuena en los llanos;
un trepidante galope
de trastornados caballos.

Hoy lucen bajo las aguas
cual destello de milagros
los matices encendidos
de todos los hipocampos.
Pero es como ver maduro
el fruto de los damascos
y no poder con las manos
ni con los labios tocarlo. 



GRILLO

Yo no cantaba anoche...
El cantor era un grillo
quien hace varios días
vino a vivir conmigo.

¿Crees que yo cantaba?
¿Cómo voy a cantar?
Si desde que te fuiste
se me ha ido en llorar.

Porque me abandonaste
en el frío de diciembre...
Ahora en esta casa
sólo el grillo está alegre.




UN RECUERDO

El tiempo fue estirando sus retoños pequeños
y fue haciendo más anchos los minutos soleados.
Me estiró a mí también, por afuera y por dentro;
más de lo imaginable, más de lo necesario.

Crecí joven y fuerte debajo de los fresnos,
y debajo de aquellos naranjos hechizados.
Pero aún mi cerebro se mostraba incompleto
hirviendo en la maraña del primitivo caos.

La voz de una paloma, como las nubes, blanca,
me dijo con el ritmo de pausada llovizna:
“¿Recuerdas al anciano? Él, tenía una espada;
hoy eres tú más fuerte ¿Por qué no se la quitas?"

Descendí al festival de nocturnos ahogos,
al valle donde nadie sonríe ni incorpora;
y encontré al pobre viejo con los ojos absortos
contemplando la danza marginal de las sombras.

Le dije: ¡Qué reuniones... traen pasadas batallas!
Vengo a cerrar tus ojos y apagar tu candil,
vengo a llevarme lejos tu legendaria espada;
así... en el otro mundo, te acordarás de mí.

Él extendió su mano llena de pesadumbre,
larga como los siglos que en la vida cargaba.
Y entre nosotros dos... surgió la densa nube
que separa la noche, de radiante mañana.

¡Adiós, y para siempre! Adiós, para no vernos,
regresa a la montaña que vislumbró el pecado,
ve a esperar el maná caer sobre el desierto,
el orden de lo Nuevo, lo tengo ya en mis manos.

Esta espada que siempre recargaste en los fresnos
en las noches de fiestas y vanas alegrías
¡Se vestirá de gloria, no creas que vino a menos!
Porque ahora se encuentra... ¡Por fin, en manos mías!

 

 

TRISTEZA

Si hay algo que me enferma, son los otoños viejos,
los de amarillas hojas que veo tras los vitrales,
los que nunca me dejan escribir madrigales,
y que mi alcoba inundan con pálidos reflejos.

En ellos me parece que todo tengo lejos,
y que voy a morir sin ver los naranjales.
El sol de otoño cruza los nítidos cristales
y en círculos de luz rebota en los espejos.

El otoño es de oro, de rojo cobre y plata;
es atuendo que luce una adulta alameda
que llora estremecida si el aire la maltrata.

El otoño es un monstruo que con manos de seda,
todo lo que tenemos, febril nos arrebata;
sin fuerza en este mundo que resistirle pueda.





TIEMPO EXTENDIÉNDOSE

Como heladas estrellas
tomando caminos bifurcados,
hendiendo el imposible de las cansadas sombras...
así eran nuestros ánimos.

Dolor hidrogenado e insensitivo
en el canal axial donde resuena
el galope purpúreo
de cinco litros antagónicos de sangre...

¡Atiende... Ruego inmóvil... Veraz...
casi apagado!
¡Atiende!
¡Ya he muerto!
¿Acaso no leíste mi obituario?

La cigarra intermitente, su estridencia...
cipreses en el atrio de la iglesia,
y yo con una esfinge entre mis manos.

El golpe adherido a los reactores
iba fustigando decibelios
que hacían pandemóniums.

¡Paz...!
¡Quería paz!
Y mi grito era tragado por un ruido
más denso y angustioso que el olvido.
Mi grito entre tú y yo
¡Mi último grito!

El sueño del azahar
se acercaba a buscarme 
con zureos nocturnos de paloma.

Luego...
se extinguía de improviso
como luz inocente;
tragándose las sílabas deformes
que balbucía  la gente.

He agobiado mi vida
con viajes ingenuamente tristes,
con tallados informes en pueblos azufrosos,
y con labios hostiles.

En las húmedas rosas
he dejado los versos
temerosos de inviernos
y heridos por la voz
de un conjuro de pájaros.

He ido malhumorado
gimiendo en las estancias,
y pastando en los cuerpos que se extienden 
como alas de milagros.

Pero yo,
como el "tiempo"
-vocablo que inventamos los humanos-
¡Sé asimilar estragos!.

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