Poemas de Humberto Garza


ÍNDICE

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¿DÓNDE? PLAN SENTIMENTAL
A UNA AMIGA SIRENA
LAS MUJERES DE MARGARITA GEODESIA
RÍO PILÓN DECAÍMIENTO POÉTICO
 A RUBÉN BONIFAZ NUÑO A VICKY H.
WALPURGIS TRANSFORMACIÓN
RIADA EL POTRO
VERSOS ANODINOS TU PUEBLO TAMBIÉN
VIAJERITA PROFETA
ECLIPSE EL ÁRBOL
POEMILLAS MAREA
JINETE DESTRUCCIÓN
INDIFERENCIA ALMA
INSANIDAD CERCANÍA
EN LA ETERNIDAD VOCES
APOCALIPSIS CANCIÓN
CAMINO REGRESO

 

¿DÓNDE?

¿Dónde estarás ahora… dónde?
Espigada muchacha con andar de paloma.
Rezuma jugo el aire y en ese jugo un nombre
con sabor a nostalgia se revuelca y trastorna.

Los días van cambiando y muy pocos lo notan.
Todo el contento nuestro arribó y se pasó,
de quienes disfrutaron tu vida lujuriosa,
en el mundo que anda… solo he quedado yo.

Me dormí en tu cariño y nunca he despertado.
¡Yo, el que nacía y nacía en lechos de palabras
para luego volar de un labio a otro labio;
caí entre la espesura de tus lascivas ramas!

No eras otra tarde de llovizna en mi cuerpo;
personas como tú nunca dan mala espina.
Ahora es la importancia que le doy a aquel tiempo
lo que atiranta en mí la penúltima fibra.

Como errante banquete para placer de muchos;
venías cada tarde a ofrecerte completa.
Mis insinceras frases encomiaban tus triunfos
para extraer ventajas a tu conciencia muerta.

Falda de mármol tibio ¿dónde estarás ahora?
estos días egoístas dicen que ya no existes.
Tal vez hoy solamente vives en mi memoria
dándole besos largos a mis recuerdos tristes.




PLAN SENTIMENTAL

Íbamos a ser felices;
trabajando mutuamente en nuestro afecto,
ahorrando diariamente las ganancias
para luego...
especuladoramente el superávit
ir reinvirtiendo.

Íbamos a ser felices;
a costa de algunos sacrificios,
sin malgastar en cosas redundantes
ni disipar en vicios.

Teníamos formulado ya el proyecto
que nos daría completa autonomía
después de algunas privaciones;
un poco de paciencia,
y... agonía.

Eran los días del amor y euforia,
-soñábamos igual que adolescentes-.
Nos veíamos en un breve futuro
coexistiendo entre las buenas gentes.

Pero se fue a pique el presupuesto,
y llegaron la neurosis y el enojo
a dar al traste con aquella empresa
que no pudo sortear un saldo rojo.

Por no tener recursos suficientes;
se fue nuestra ambición corporativa
a una irremediable bancarrota
dejándonos boqueando panza arriba.

Los besos y caricias que nos dimos
fueron desembolsos invertidos,
irreflexivamente,
en inútiles pagos
a un activo fijo.

Fuimos dos socios
calculadores y llenos de temor.
Y así no se conduce en los negocios
del amor.





A UNA AMIGA

No puedo confesarte lo que siento,
ni describir la cruz de mi agonía;
preciso es ocultar el sentimiento
que aspira solo a amarte... ¡Vida mía!

Este secreto desespera mi alma,
no existe forma de apagar el fuego
que desconcierta el orden de mi calma
cuando examino tu cordial apego.

Ningún ardor en tus pupilas veo,
solo amistad tu corazón abriga;
si revelara mi febril deseo,
podría perder a mi mejor amiga.

En vano aspiro a que tu juicio advierta
lo que esconde mi voz... por cobardía.
Eternamente quedará encubierta
la obstinación intensa que me guía.

La paz que experimento al contemplarte
y el gozo que me brinda tu presencia;
me obligan a vivir sin declararte
la más voraz y tierna confidencia.

Cuando cercano tu respiro escucho,
mis labios tiemblan y mi voz se trunca;
y encubro todo porque te amo mucho
y no quiero perderte ¡Nunca... nunca!

Cuando en la cumbre de apacible sueño
escuches voces, sin saber de quien,
será mi acento que en rebelde empeño
porfiadamente te susurra "¡Ven!..."

Continuamente a la mortal pelea,
desesperado, suelo regresar;
como Sísifo vuelve a su tarea,
como el agua revierte siempre al mar.

Si te molesta lo que ahora escribo,
olvida mi espontánea claridad;
prefiero la tibieza que recibo
a perder por completo tu amistad.



SIRENA

Cuando entonaba la cigarra
resecas canciones de verano,
te volvías mujer
cerca de mí.
Dije que te llamaría; "Sirena"
por tu olor fresco de agua,
porque eras tú, y no eras
en mi casa de luces, la habitación pequeña
que el tiempo y yo buscábamos
en los domingos largos
para poder vivir.

Hoy dicen que está hueca y despoblada mi alma,
que por eso no tengo ya cósmicas palabras.
Dije muchas locuras sin que nadie me oyera,
luego me fui doblando idéntico a las velas
que arrían los marineros
antes de la tormenta.

Ya nunca vino alguien que me supiese a ti,
y tus lozanos brazos y tus lozanas manos;
como todo lo orgánico un día maduraron,
y después del estruendo... ya nunca más te vi.

Nos iban a nacer espejos en el rostro,
se iban a abrir ventanas con síntomas de alivio;
cuando tú me dijiste: "Puede que yo me vaya"
Y todo se hizo oscuro... y te tragó el destino.
Ahora... es muy poco lo que tengo de ti.






LAS MUJERES DE MARGARITA

Donde todos se burlan del otoño,
de las puestas de sol y de las albas
que hubo ayer,
tengo mi harén.
Me lo dio Márgara…
antes de volverse loca,
antes de marcharse a investigar
el humano genoma,
antes de lanzarse a construir
bombas atómicas,
antes de irse a buscar a un recién muerto
que se llamara Lázaro.

De las huríes que me dio,
algunas están ya muy besadas;
otras tienen genuina piel morada,
pelo lila o rosáceo…
y ojos que adivinan mis palabras.

Nunca se enfadan
si llego tarde a casa,
ni me engañan
con hombres de frases enmieladas,
cuando salgo con mis bueyes de silencio
a cultivar almácigas.

Ahora, tengo un norte;
ojalá nunca Márgara
recupere su salud mental
como Don Quijote.
Ni regrese a pedir
que le devuelva sus mujeres.
Ojalá Márgara…
sea como esas abejas que se pierden
en los campos de alfalfa.

En mi alrededor…
la tierra ahora respira,
sube y baja su pecho
lleno de flores y de espigas.
Música de flautas de carrizo
corre por mi serrallo,
sale por los postigos
y busca altoparlantes
para decir al mundo
que las mujeres de Márgara
son felices conmigo.





GEODESIA

Todo me hizo solitario
como al Rey de los Miedos,
como al autor de la prosa que resbala
sobre líneas geodésicas
para caer desde las faldas de los globos
hasta la tierra.

Me quedé solitario
en mi casa de verbos.
Solitario;
como aquellos búhos de mi pueblo
que lanzaban por sus ojos 
rayos de luz fosforescente.
¡Últimas muestras de su vida antigua
en este gran hervor de desaliento!

Nadie tiene un mañana.
Nada tiene un mañana;
ni siquiera el hermosísmo poema
que le escribí a Nazaria.

Tengo un pánico nuevo
que no saben curar los religiosos, 
ni saben atender 
mis amigos de lejos.
En días como este, me pesa el estar solo
y lejos de mi reino.

Ya no ondean frente a mí
las banderas de flores,
ni banderas de voces
jóvenes, de otro tiempo.
Me quedé solitario
y lejos de mi pueblo.


RÍO PILÓN

Este lugar del río,
tiene el espectro de mi voz herida.
En las noches de frío
recuerda la suicida
llamarada celeste de mi vida.

Por eso vuelvo a él
-sin que me agobie sed devoradora-,
a plasmar en papel
el prisma de la hora
más irisada y alta de la aurora.

Navaja de palabras,
corta de nuevo luz a las estrellas;
que miran cuando labras
la obra en que destellas,
admirando la forma en que la sellas.

En este sitio largo
que se prolonga hasta alcanzar el mar;
hubo un momento amargo
que se dignó a esperar
las rosas de esplendor crepuscular.

Refulgencia distante
no comprendí mi daño cerebral,
ni el ondular constante
de la savia inicial
aprendido a este río inaugural.


 

DECAÍMIENTO POÉTICO

Ya no tienes la fuerza tenaz de los judíos,
eres piel encubriendo sentimientos amorfos.
Por débil, un azor, altamente agresivo;
con su pico ganchudo te sacará los ojos.

El momento cansado, el momento del hombre,
el momento que rumia silencio en las montañas,
el que examinan todos cuando llega la noche,
ha perdido el poder que le daban tus alas.

Arrabal de respuestas en negro desconcierto,
eres caldo anodino burbujeando en el día.
No te sirve de nada lo que llevas adentro,
eres un artesano desperdiciando arcilla.

Todo lo que aprendiste, no servirá a tus hijos,
les dejaste una herencia de cifra agonizante.
Debes dormir ahora en el pecho sin ruidos
de aquella pitonisa que bendecía tu sangre.

 

A RUBÉN BONIFAZ NUÑO

Ha llegado tu voz como débil canoa
flotando sobre el agua de río imaginario,
vadeando los arbustos de la inútil zozobra
y el cenagal tranquilo donde arraiga el milagro.

Para ver su llegada, pájaros demenciales
han tomado la cresta de los viejos sabinos,
y las ranas croando mil excéntricas frases
urbanizan el aire que golpea sus oídos.

De las cuevas cerriles, históricos jaguares
han llegado a esperarla al pie del arco iris;
se mueven en espejos reflejando su clase,
pero su paso es lento, subterráneo y difícil.

Tu voz llega de pueblos, donde cantan los gallos,
ondeando en las caderas de fabuloso río;
da lecciones de esgrima a todos los muchachos,
es un farol en medio de un kiosco pueblerino.

Admiro su luz clara porque soy cuento negro
que arrastra en la neblina una capa de sombras,
me apoya la sonrisa de una madre, allá lejos,
al andar el camino del fatigado idioma.

Tu voz de obligaciones me encontró en la intemperie
que se amplía y amplía y luego se reduce.
¡Inadvertidamente! así todo sucede;
por quererlo el destino y por ser la costumbre.

Tu voz vino ya tarde, pero quizás a tiempo,
el retraso del bien es tal vez aleatorio.
Eso no interesó porque vine al evento
no necesariamente, como un menesteroso.


A VICKY

Lleva tus inquietudes a carnavales grandes
y a fronteras lluviosas donde existen los ruidos;
que escuchaba Altazor en el pico del Andes
y escuchaba Tarumba en su rincón de olvidos.

Te miraba de lejos y cerca te sentía;
preñaba tu razón con mi larga experiencia,
vigilaba tu cosmos, y vigilar quería
el murmullo febril de tu corta existencia.

Esos mundos de gloria que soñaste, eran uno.
El momento ideal se nos presenta a veces
cual cielo encapotado, cruelmente inoportuno,
al ir a ver al mar iridiscentes peces.

Inventa otras visiones de matiz adecuado,
lo que abraza el afecto, si se marcha, no vuelve;
es lluvia que las nubes se llevan a otro lado
y el distraido sol en el aire disuelve.

Ve por los corredores de viejas galerías,
con diurno desahogo, sujetando miradas.
Advierte que tu noche es luz de claros días
vagando por el bosque de fantásticas hadas.



WALPURGIS

(Grabación en MP3 por Rafael Taibo.)
Composición musical y acompañamiento al piano de:
Josué Bonnín de Góngora.

Un Duende estaba soñando
que tomó un camino largo,
siguiendo a los pavorreales
de plumajes irisados.

En la marea de sus ojos
se presentaron dos magos;
dos ancianitos barbudos
airadamente... gritando.

Sobre la copa de un árbol
aparecí yo flotando
¡Y esfumé a los hechiceros
con mis poderes de encanto!

Esparcí unas “luces malas”
en el tenebroso espacio,
y lentamente en el duende
fui mi cuerpo transformando. 

Huummmhhh! ¡Oooommhhh!
¡Arieeeeeeeeeeeel iiimaaahooo!
¡Huuummhhh! ¡Oooommhhh!
¡Arieeeeeeeeeeeel iiimaaahooo!

Metamorfosis de luna,
primer huracán de mayo
¡Este cuerpo de leyendas,
por mí, se encuentra ocupado!

Pedí que ¡Presto! Vinieras...
y con el cuerpo inclinado
te revelaste en el cielo
con hermoso pelo largo.

Con amuletos de hierba
cortada en un Viernes Santo,
por tu bienaventuranza
conjuré a todos los pájaros.

-Por el aire de la noche,
por las regiones de abajo,
por los picos de la sierra
y por el llanero caos.

Conjuro a todas las aves
y al quinto sello del hado;
para que guíen su persona
y dirijan... su caballo-.

Sin que tu madre lo viera;
con diestra y siniestra mano,
yo mismo ensillé el corcel
más alto que tiene el diablo.

Sujeté bien tus espuelas
al talón de tus zapatos,
y ceñí unas chaparreras
a tus muslos abultados.

Ascendiste a la montura
con ligerísimo salto,
y en el centro del corral
grité yo, desesperado:

-Ve a buscar a las montañas
corazones desterrados,
ve a buscar proselitismo
para tu mágico encanto.

En el árbol de la sal
¡Hunde tus dedos amargos,
y saca los dioses grandes
para que pueblen los campos!

Te fuiste desvaneciendo
entre remolinos blancos,
y entre filos destellantes
de brillantísimos rayos.

Velozmente por el cielo
iban las nubes volando,
la noche se destruía
en el canto de los gallos.

Cuando llegó la mañana...
tu madre estaba llorando;
con alas de mariposa
le secaba yo su llanto.

-¡Anoche escapó tu hija
montada en negro caballo!
Hoy andará por la sierra
en aquellos picos altos. 

Se hundió en aquel horizonte
de cañadas y barrancos,
donde vuelan las cenizas
de espíritus emplazados.

Andará en los manantiales
que alimentan estos lagos,
despertando exaltaciones
en ojos atormentados.

¡Los seres de la montaña
tienen corazones malos!
¡Traen la suerte miserable
de “Estebanico el Hallado”!

Pero los ama y los busca
con renovado entusiasmo
¡Ojalá, cuando regrese,
ya no pueda recordarlos!

Cuando el duende despertó
del fantástico letargo;
como dos fantasmas grises
nuestras almas se cruzaron.

Yo dejaba un aquelarre,
él dejaba sueños largos;
para intercambiar los cuerpos
en la arteria de milagros.

En sus ojos había pavos
de plumajes irisados.
En mis ojos, una imagen
montada sobre un caballo.

Crecieron como la hierba
recuerdos grandes y amargos,
en la huerta solitaria 
de alucinados naranjos.

Luego llegaron los cuervos
y en el pico se llevaron
el sueño que me inspiraba
poemas extraordinarios.

En profunda soledad
dos elementos quedaron;
uno, gestante de olvidos;
otro, siempre recordando.




TRANSFORMACIÓN

Emergeré apacible en el mundo del sueño,
con el rostro azotado por nieblas fantasmales;
y vagaré en el cielo, cubierto de silencio,
llevando entre mis ojos las hogueras de antes.

No tendré ya la fiera potencia de los rayos
que dan a las tormentas segundos abusivos;
y dejan la corteza, blanda, de los pantanos;
envuelta entre los gritos de árboles caídos.

No seguiré la noche con horribles jaurías
de colmilludos astros y lunas descompuestas,
ni golpearé la espalda de la tierra dormida
con ardientes meteoros y colas de cometas. 

No fundiré perfiles de las cosas pequeñas
que guardan la semilla de mi brillante cosmos,
ni sembraré en el mundo castigos y tragedias,
ni execrables momentos de cosas en trastorno.

Estaré en la armonía, con sonrisa oportuna,
pegado a los vitrales históricos del tiempo;
recordando praderas donde la virgen bruma
a nadie permitía ver las puertas del cielo.

Con gesto reposado, con cara alucinada,
buscaré manifiestos de los últimos pactos;
sin poder explicar los estados del alma
que jamás encontraron caminos en los campos.

No trataré de hallar desvanecidos puertos
al ir por el recinto de las grandes estatuas;
todo habrá terminado sin grandes argumentos;
entre riñas triviales e inútiles batallas.

EL POTRO

El potro se fue a la mar
y la mar estaba en calma,
soñando con barcos nuevos
y griteríos de piratas.
Potro que sin brida llega
con la crin enarbolada,
con estrellas en la frente
y lunas en la mirada;
pisa mantos de coral
con pezuñas de obsidiana
y al pisarlos manifiesta
la danza de la mañana.

En sus ojos resignados
lleva empuje que desata
la trepidante violencia
de fuerzas huracanadas.
Su potente resoplido
al inmenso valle de agua
con juvenil imprudencia 
desafía y amenaza.
Mas... potro que se desboca
sin bridas y sin albarda,
ya sin sujeción alguna,
inminentemente... ¡Estalla!

Al ritmo de su trotar
quiere dar afecto y calma
una tarde borrascosa
que llega desesperada.
El meditabundo sol
con enrojecida cara
por enrojecido cielo
hacia el occidente marcha.
Y se presenta la noche
de galaxias coronada,
y encuentra al potro en el mar,
en el mar de pentagramas.
El viento se desmenuza
exhalando quejas largas,
enviando al potro mensajes
con ardientes bocanadas.

El potro ya nada escucha,
tiene la mente embriagada;
lo propulsan acordeones
y rasgueos de guitarra.
Llena de espectros y duendes
la arena de melodramas,
llora pensando que el potro
nunca volverá a pisarla.
El sonido de los cascos
y desgobernada gana,
ha despertado maligno
deseo en esferas altas.

En la tiniebla infinita
sin indicación de alarma;
un ruido de escaramuza 
vino a perturbar el agua.
Mil relinchos inocentes
se escucharon en la playa
cuando la perversa noche
extendió su mano larga
y tomó al potro que fue
a la mar, estando en calma.
Se desvaneció del mundo
la adolescente pujanza;
y la techumbre del cielo
tuvo más puntas de plata;
cuando El Potro se perdió 
en las geodésicas rayas
para ser constelación
en las noches estrelladas.


VERSOS ANODINOS

En este amor de museo
dos almas analfabetas
partieron a ver el mar
por distintas carreteras.
Una, llegó a los escollos,
otra, a dormidas arenas,
una declamando versos
otra escudriñando perlas.
Ambas reptando en la noche
como dos ciegas culebras;
ajenas completamente
a su propio ecosistema.

La clase que practicamos
no la imparten academias,
lleva fría oscuridad
donde cantan las estrellas.
Es un vago simbolismo
con imágenes y temas
que nos revelan prodigios
donde ríen polichinelas.
Lleva oculto magisterio
como las historias griegas,
y un azar lleno de cosas
sin mucha delicadeza.

La técnica del silencio
era triste flor de menta,
que yo olfateaba por dentro
y tú ignorabas por fuera.
Me dolía vivir lejos
considerándote cerca;
ahí en los árboles grandes
de mi apartada alameda.
Me dolía en las entrañas
ser como un reloj de arena
que ya nadie utilizaba
y al cual nadie daba vuelta.
Me sentía un ser burlado,
y ponzoñosas afrentas
de mi boca resbalaban
para llegar a tu fiesta.

¿Escuchas cantar los gallos
en el fondo de la huerta?
¡Es el trajín de la noche
que se acerca y que se aleja!
El rocío está cayendo
como una llovizna lenta
sobre dormida intemperie
de vasta piel indefensa.
Cuando llegue la mañana;
el árbol de los que sueñan
borrará de las memorias
las huellas de la tormenta. 
Y concederá un abrigo
al gorrión de las leyendas
que narra historias felices
y a los que sufren consuela.

Hoy no vendrán los rancheros
porque lloviznó en la sierra,
tal vez salgas a buscarlos
llevando un cordero a cuestas;
él, con balidos distantes,
estrujará la corteza
de las almas que están lejos
y las almas que están cerca.

¡Dios mío! ¿Por qué no hiciste
mi corazón de madera?
¡Para vivir sosegado
como el agua de la acequia!
Y para estar solitario
como una de aquellas piezas
que al terminar algún juego
sobre los tableros quedan.

El embrujo de los montes
abandonará tu aldea,
no estará presente, cuando
el encantamiento muera.
La luna y el girasol
no se persiguen ni mezclan,
son almas desconectadas
en la histeria de una fiesta.
Engranes trituradores;
las moscas, sólo frecuentan
en dulcificados tiempos
de suculentas moliendas.
El viento dice que pases;
¡Que no entres! Dice la niebla,
y en ninguno reconoces
la voz que ahora me queda.
Y luego te desvaneces
en una llovizna lenta
que golpetea la calle,
escribiendo... una leyenda.





TU PUEBLO TAMBIÉN

Tú sabes bien que llueve
en este pueblo,
esa luna mojada
y el sol enfermo
van a causarle daño
a tu cerebro.

Juegas a la inocente
por largo tiempo,
sin bosquejar más planes
y yendo al templo,
pervirtiendo tu mente
en el silencio.

Este villorrio tiene
aburrimientos
donde cantan los gallos
y los jilgueros
e intermitentes balan
los corderos.

Hice mal en traerte
a este suelo,
porque en todas las frentes
ves un lucero;
eso roba a tus noches
quietud y sueño.

Tienes la mala suerte
del deshonesto,
y la fiabilidad 
del embustero;
eso, a mi corazón 
causa desvelo.

Nuestra miseria a veces
es un ejemplo
casi desconocido
por fuera y dentro.
Eso, muy lentamente
nos va perdiendo. 



CABALLERANGUITA

¿Adónde vas amiguita
sin armas en la cadera,
sin maquillaje en el rostro
y sin pintura en las cejas?

Espoleas tu caballo
por las faldas de la sierra
donde pinos misteriosos
murmuran, callan y tiemblan.

¿No temes a los bandidos
que asaltan en la frontera?
¿No temes a los fantasmas
que pueblan la noche negra?

Es triste mirar volar
la cola de tu montera
en atajos peligrosos
y peligrosas laderas.

Yo me quisiera afligir
al verte así, bandolera;
pero me cansó el trastorno
de tu vida aventurera.



PROFETA

Empecé a olvidar los nombres de las cosas
un día, sacerdotalmente, tranquilo, 
tranquilo y blanco como el bórax;
el bórax, que volaba en el camino.

Busqué la rama literaria 
con mirada de anciano y voz de niño;
de niño cruel que destruía el árbol,
el árbol del druida que no vino.

Después anduve organizando flores
que gente le llevaba a Jesucristo;
Jesucristo, el poeta de la tarde,
de la tarde ambarina en que vivimos.

RIADA

Sólo un pequeño aroma queda de nosotros,
de la bestia que había entre nosotros
buscando el tórax de las flores.
Sólo un pequeño aroma que ha trepado
buscando luces celestiales
que ayer brillaban en la piel 
de nuestros nombres.

Un poeta 
vibra cósmicamente en una choza,
escribiendo una epístola
que habrá de ser leída 
en el nostálgico y apesadumbrado matrimonio
del Después y el Paradigma.

Las aguas están desparramadas
sobre un valle lejano de colchones,
y sobre un mar de vientres
con estridencia de cigarras.

El fango resbala
por gavetas de armarios sin reacciones,
por gavetas que albergaban
la ropa perfumada 
de jovencitas con integridad Judeo-Cristiana.

Los árboles cayeron
bajo el narcótico instantáneo que se extiende
por el plan inmenso de las sombras.
Cayeron bajo el golpe de la riada,
observando las nubes que en el cielo,
innecesariamente, andaban.

Vengo de hablar con otros y me han dicho:
-Vimos pasar el agua
felizmente diciendo
que iba rumbo al mar
a besar las bocas irisadas
de langostas y peces
que tienen muchas almas-.

También me dijeron
que el pueblo agoniza arrinconado
en los añosos troncos de sabinos
pensando en las cosas 
que hay por hacer mañana
cuando el sol haya horneado el barro en los caminos.
Y que una perra, 
nutrida por tristezas,
se ahogó en la suspirante noche
por no querer abandonar sus hijos.

Y que se ahogaron 
los siete hermanos nonagenarios 
de Juan sin Tierra,
pensando en los besuqueantes labios
de mi traidora amada.

La lluvia,
llegó de noche y embozada,
estuvo cayendo sin cesar
sobre el pellejo azul de la montaña.
Luego...
empezó la riada.

Unos dicen que vieron
flotar en su morena panza
al dragón de Merlín
tatuado en la piel de una naranja.

Yo también lo vi todo
desde mis pesadillas altas.





ECLIPSE

Me dijeron que todos volvieron ese día
trayendo una paloma que hablaba de los montes;
andaban en el pueblo de la Azul Sinfonía
paseando cual manada de jóvenes bisontes.

Todos buscaban algo y tenían estrellas
en el pecho, en los ojos y también en las manos.
Todos amaban algo, mas no dejaban huellas
de sermones; en pueblos, metrópolis ni llanos.

Yo seguía en el eclipse, meditando callado.
Ellos eran peldaños de mi firme escalera;
tal vez sin darse cuenta afilaban mi arado,
también fertilizaban mi antigua sementera.

El día que me brindaron innumerables cosas,
me hablaron de procesos con sus bocas hostiles.
Decidí confiscar sus flores luminosas
para formar con ellas más radiantes abriles.

Quiero imponer la forma de la nota que llevo,
en la fresca membrana de todas las semillas;
y ubicar el sistema que rija un Mundo Nuevo
donde resuene el eco de las obras sencillas.

Empiezan a bullirse las jóvenes serpientes,
otras siguen durmiendo aún entrelazadas;
soñando con escritos de frases incongruentes
y escuchando consejos de Bretones y Dadas.

Los términos, cambiados; van desapareciendo,
poco a poco la cara más grave y malherida;
va adquiriendo la fuerza de potente berrendo
y el pergamino blanco empieza a cobrar vida.

Macbeth en su palacio, observa desafiante,
una arboleda grande que avanza decidida;
no sabe cuántas horas le quedan por delante,
mas sabe que está cerca su inminente caída.

Esta vez el engendro brotará de tal suerte
que no habrá quien detenga su fuerza destructiva,
habrá conflagraciones, donde quizá la muerte;
después de la hecatombe, tampoco escape viva.




EL ÁRBOL

Se está vaciando el árbol por la herida más grande,
por esa herida vieja que ya no cicatriza.
Los caracoles suben como vendajes largos
por la dura corteza, a salvarle la vida.

Se está quedando solo en la llanura verde,
allá en el desamparo de oscuros mediodías.
Un tesoro de ritmos le llega desde lejos
y un aroma impreciso le cae desde arriba.

En medio del silencio que satura a la tarde,
burla sufre y desprecio de extrañas comitivas;
al querer explicar sus agudos misterios
las palabras del árbol se manifiestan frías.

De caridades vive, pero tal vez lo ignora,
poco a poco la sombra deja de ser su amiga;
su languidez proyecta sobre la fresca hierba
una ilusión que a todos causa piedad y risa.

Sopla para los otros abanico del aire,
este árbol perdió su piel de melodías;
la falda de la noche ocultará su viaje,
estas últimas horas que vive... son las mías.



POEMILLAS

Esta noche no duermas.
Grupos de niños y mujeres 
vuelan por encima de las calles. 

Es muy extraño todo…
yo no puedo explicarte.
Algunos me dijeron
que se ha enfermado el aire.

Esta noche no duermas,
no salgas como antes;
defiende bien tu nombre.
Hasta oír aleteos
de querubines y ángeles.

II

Un sol cansado
veía desde el oriente
mujeres sin arreglo.
El amor había muerto
entre sus pechos.

Mi vida se iba con el tiempo.
El último minuto, 
tercamente
volvía sus ojos
como un duende rebelde. 

Yo seguía adormecido
sobre un óleo joven,
observando un fantasma
terriblemente enorme.

III

Hoy asumí la forma 
de un pájaro prehistórico
y volé con las aves
que empuja el frío al sur.

Azul, 
inexplicablemente azul, 
iba yo;
a buscar norias
y azahares de naranjos,
a buscar fragmentos 
de un pasado hostil.

A buscar el texto defectuoso,
iba volando yo, 
frío... azul... feliz.

IV

Te amo,
reverberas en letras,
nunca te apartas de mi alma;
abres puertas y ventanas
a las palabras.

Te amo,
eres una lámpara
con una mecha lengüeteando
la textura diáfana 
del corazón humano. 

V

Mantuve este sentimiento, 
para volar.
Lo defendí porque lo quiero,
nunca le hice mal.

Glándula del aire,
crin llena de perdones;
distorsionada hierba en un baile
sin insectos comentadores.

Maullaré otra vez entre las cosas,
graznaré otra vez entre las noches,
croaré otra vez entre rosales 
viendo morir las flores.



MAREA

Eras un gran presente en las manos del arte,
mis voraces pupilas te veían con anhelo;
amando los contornos de tu marmórea carne
y ahogando tu recuerdo en constante desvelo.

Tu nombre aparecía en lugares previstos
mi enflaquecida voz irrumpía en tu senda;
el flujo y el reflujo eran siempre los mismos,
tirando y empujando a la inútil contienda.

Estábamos los dos en el mismo universo,
bajo la misma sombra y las mismas estrellas;
con el mismo lenguaje, dentro de un mismo cuerpo
coincidiendo en las horas formidables y bellas.

Hoy eres sólo un cauce definitivo y largo
donde ya no verdea la planta de la flor,
señoreas la noche desganada, y el canto
es una piel sin brillo en la fiesta de amor.

Dulcificado el aire buscaba tus reflejos,
innumerables voces usó para llamarte;
pero el desecho rumbo lo encaminó al desierto
y nunca más ya pudo vivir para adorarte.

Jamás adivinaste la sílaba torcida
que llegó a tus jardines, con estructura alterna,
ella ahogaba tus flores; pero como el Mesías...
propulsaba tu imagen hacia la Vida Eterna.

Nada comprendo ahora, vago por un camino,
apoyado en las reglas de antigua geometría;
llevo la indumentaria de un extraño bandido
que roba a los viajeros al crear Poesía.




JINETE

Yo quería destrozar con rayos de mis ojos
todo lo que escondías en la matriz del cielo;
para verte en la noche, casi toda de hielo,
prodigando a la tierra solamente despojos.

Con los que te adoraban estuve yo de hinojos
admirando grabados de un hermoso pañuelo
que contemplaron pocos, porque tú con recelo
lo volvías al Cuarto de los Siete Cerrojos.

Venir yo de tan lejos con esta voz suicida
en busca del Edén que tu alma refería
en una historia larga por todos conocida...

Y encontrar en tu juicio muerta la luz del día;
¡Porque comiste el fruto del Árbol de la Vida
y un hechizo cayó en tu sabiduría!




DESTRUCCIÓN

Tu luz… tu tibia luz… tu luz de siempre,
huyendo por la boca de la noche
para volver después más delincuente.

Tu voz… tu agria voz… la que conoce
agujas que existen en mi lengua
y el estilete adjetivesco... enorme.

La noche sigue haciéndose perpetua;
es un ramillete de alaridos,
y es líquida memoria ya sin temas.

¿Has visto mi sonrisa en los caminos?
¿Verdad que te parezco un ángel blanco?
¿Verdad que soy tu hijo más querido?

Mi afable oído te estará escuchando
en el velorio del "Espurio Eterno" 
¡Cuando este se derrumbe en el quebranto!

¿Verdad que te parezco un ángel bueno?
¿Verdad que te parezco un ángel blanco?
¡Atento siempre, tu respiro oyendo,
todo el furor de tu rencor amando!


INDIFERENCIA

¿Quieres saber en donde la ternura
vio malogrado al fin su último intento?
¡En el filón de sombra y descontento
que desplegaste ayer en la llanura!

Voy a encerrar mi voz en la clausura
penosa que regala el sufrimiento;
para anular lo absurdo de este evento
qué fue otro testimonio a mi locura.

El tiempo traerá indiferencia
y la pasión se quedará dormida
en el mar del olvido y de la ausencia.

Tú en mis recuerdos vagarás perdida
como otra flor llegada a la existencia
por el costado erróneo de la vida.







ALMA

En la tierra de luces;
patria de Alma,
hay norias que reflejan
nubes que pasan,
nubes viajeras,
proclamando en el cielo:
“Ella... se ausenta.”

Alma nació mirando
un sicomoro,
que se agitaba en sombras
llenas de polvo,
llenas de olvidos,
sobre cántaros grandes
hechos añicos.

Hoy ha crecido y tiene
en la mirada
una provincia grande
llena de calma,
con arboledas
casi sentimentales
como las huertas.

Lleva inmóvil estrella
sobre su rostro,
y resplandor de hierba
fijo en los ojos.
Los surtidores
en irisadas aguas
muestran su nombre.

Alma, dirá algún día:
-Poeta ausente
hoy recuerdo tus charlas
y afuera llueve.
Mi vida escucha...
¡No es la lluvia de antes,
es otra lluvia!

Yo la veré de lejos,
mientras declamo
para jóvenes tristes
de pelo largo,
mi Poesía...
¡En el espacio grande
de la otra vida.!



INSANIDAD


  -Se burlan de ti-...
 
¿Quiénes se burlan?
¡Ah! Sí... esos fantasmas blancos
con la soga en el cuello, con el hacha en el cráneo
y el cuchillo en el pecho;
esos fantasmas infartadores
que llegan por las noches a turbarme,
por las noches que hicieron
las estrellas
con chapopote negro.
Me han dicho que vienen de poblados
surcados por caminos donde todos se pierden;
son gente charladora y cabezuda.
¿Qué modisto transvesti' les haría esos trajes
con alburas de luna?
 
-¡El pueblo entero se burla!-.
 
Tienes la cordura
descuartizada por navajazos estrelleros;
siempre me ves desmusculadamente
con tu mirar burlesco.

Por todas partes veo columnas
de ominoso y norteado vapor negro;
me estoy volviendo loco, no duermo.
Qué cuartelera salió mi esquizofrenia,
no me deja dormir… sólo sesteo.
 
-Sospecho que te estás haciendo-…
 
Algo se reproduce en medio de las huertas,
algo con parranderos ojos;
y no es hierba amargosa
ni es zacate johnson.
¡Sal -te digo- a investigar!
¡Pero tú qué investigas?
No tienes curiosidad,
no tienes balance ni poder,
de esos que da el Zen.
¡Perdónala Señor…
así llegó a esta zumbidera vida!
¿Por qué no saliste indagadora,
simbólica... psicótica... y exótica...
y comadreadoramente móvil?
Debido a tu falta de neurosis
todos se dieron cuenta… ¡Menos tú!
que llegaron los Ovnis.
 
-¡Dice el pueblo que eres un lunático!-.
 
¡Pero el pueblo qué sabe de los ágiles iones,
o del ácido ascórbico que hago con cumeno?
Ellos prefieren leer en los periódicos;
golizas' que dieron sus equipos
o resultados de boxeo.
Ellos nada saben de substratos
ni de las reacciones exotérmicas
que el cobalto
causa en el syn gas y el propileno.
Llega hasta mí…
dame caramboleros besos…
besos salseros…
de esos que intercambian las domésticas
con los domésticos.
 
-¡Deberías ver un psiquiatra!-.
 
Trajeron la nodriza de labios nacarados
a besar a la niña,
esta traía flores de cristal
en su frente, mejillas y mandíbulas.
¡Hundimiento de cunas!
¿Porqué casi todo lo que críamos
contesta con un "¿Eh?"
a nuestras preguntas?
Ya no copularemos en días de esquizofrenia,
ni a la sombra de pinos que cantan como tiples.
Hay delitos    encumbradores.
Un gran mistificamiento se nos fue con Mambrú
a la guerra lisérgica.
Ha de saber usted que ya tengo sesenta
y soy de los 'sesentas'.
Mi mano cultivaba parchecitos de 'hierba'
escondidos en huertas.
¡Así serán los querubines que amas!

Grueso racimo de uvas es tu pelo.
Igual que las bacantes; con aullidos velludos
destripas congaleras pesadillas que tienen todos
los… de podridos sueños.
Resulta que su acta amarilla le dijo
a esta loca madona
que había nacido hombre
y se llamaba: Anselmo.
¿Qué haremos con la niña,
si aún está en lactancia?
No se puede quedar
con este absurdo ser
que cree ser la Artemisa
que adoran en Efeso.
 
-Adiós-…
 
Vete… vete…
tú no supiste defender mi nombre
de las ideas que achican
y hacen todo…
ruralmente…
deforme.
El viento se irá a regar palabras
sobre audiencias sin oídos,
y en la tierra de plástico y papel
que tragó la resonancia de mi corona al caer
una niña siempre jugará…
y yo siempre la escudaré de la cordura
de los hombres.



CERCANÍA

La compasión del sol hoy me concierne
porque puse las letras de mi nombre
en plantas que se elevan como pinos.
La euforia de la forma se recobra
muy lejos de los climas familiares
cercana a todo lo que ya no oprime.
¿Porqué no morirán estos momentos
que zumban en rincones de mis labios
con ruidos de un tumulto de elegías?
Tal vez perdí mi sitio entre banderas
izadas en ayeres sin mañanas
por teorizantes manos de los sueños.
Mis rayas limítrofes aún cruzan
con piernas temblorosas, cumpleaños
que debieron perderse en laberintos.
No quiero terminar restauraciones
donde nada hay pintable o reintegrable
ni dios a quien rendirle pleitesía.

Ha muerto mi interior dentro de placas
que bendicieron curas ordinarios
con agua de sarcasmo e ironía.
No propongo con lengua de gatillo,
hoy mi voz se desliza dócilmente 
por delgados resquicios de ventanas.
Simulo ser lenguaje acicalado
que apedrean miradas enemigas
ignorando que soy inmune a burlas.
Todo es infructuoso en este mundo,
soy letra de canción que no quisieron
baritonos, tenores ni sopranos.
Estoy a punto de abordar el rato
que ha de llevarme al pueblo de silencios
que esconde nuestra imagen a memorias.
Morir con la dialéctica aplastada
por hordas de cegados delincuentes
es un destino que perturba a Dios.

Los gallos peregrinos se llevaron
mis guías y los mapas de caminos
que llegan a las cuevas solitarias.
Actuales persuasiones no fascinan,
fumaredas vocálicas se pierden
en la pseudo-importancia de su centro.
Es inútil crear, todo es inútil...
nuestra apatía huele a bancarrota
y a facciones de rangos desprovistas.
En la porosa boca del olvido
terminan las artísticas desgracias
y las sombras de quienes las forjaron.
Imposible es guardar lo inarchivable
con la pompa ridícula de epígrafes
que intentaron un arte defender.
Debo llorar un rato, cuando pueda...
el minúsculo rato necesario
que estas situaciones ameritan.

Rían por mí cuando se encuentren solos
oyendo el carcomer de las especies
en el arca de lágrimas y flores.
La musa que se fue no ha regresado
me ha dejado un abismo de respuesto
en donde bosquejar con impotencia.
Ya no sigo caminos verticales,
he abandonado el novelero cuerpo
en reinos del ajenjo y de azahar.
Sonámbulo... con alma desalmada
y fuerte adrenalina de pasiones
construyo la tendencia que divide.
Hoy la ciudad que vive enmascarada
por eternas murallas de la lluvia
democráticamente me requiere.

Polémico y alegre quiero ir
ahora que ya empieza a oscurecer.
¿Porqué será que en la agonía suprema
nos invade el instinto de emigrar?


EN LA ETERNIDAD

Algún día…
en una tarde ramajuda
llena de cerdas y ceniza blanca;
vas a llegar etéreamente
a acariciar mi calavera extraña.

En ese mundo fantasmal
donde ya nunca llueve,
y el ojo frío y funeral
acecha como búho amenazante
pero a nadie conmueve.
Me tocarás con tus huesudas manos,
y no podré verte.

El tribunal de tus caricias
me habrá perdonado,
en una corte espectral
sin fiscal ni jurado.

El silencio ahí será más hondo,
y mis ruidos humanos 
habrán quedado lejos…
resquebrajados...

Disfrutaré el manoteo tuyo
escuchando el sermón
de quien fue mi verdugo.

En esa vida,
en esa casa de ónice,
seré únicamente para ti…
Y mi esqueleto blanco pensará
que fue mejor así.

El gran amor que me negaste
durante el viaje accidentado
de esta existencia breve;
ahí...
¡será mío eternamente!

Mi calavera blanca pensará:
que fue mejor así.




VOCES

¿Cuándo desperté? 
¿Cuándo oí el grito
bajar por los canales de mi alma?
¿Cuándo llegaron esas voces
que hablaban sopranamente alto
con el ritmo aburrido de las lluvias
que hablaba Tláloc?

"Ven ahora, –dijeron- ven ahora,
quédate con nosotras por un rato;
te dictaremos una fantasía..."
No sospeché que “el rato”
¡Sería más largo que mi vida!

La momia de placeres formativos
peinó su pelo frente azogue de astro,
y la noche de ángeles caídos;
cansada de astrólogos en tránsito
y ahíta de anís languidecido,
fingió maternidad…

Su feto era débil,
incapaz de ocupar antiguos litorales
proteicos y vastos como el mar.

Los que avistamos el cuadrángulo
desde el cerro del arte elemental,
ocupamos la silla del congreso
para mutar su parte medular.
Habilitamos: el ágata de estrellas,
la niebla con olor a yerbabuena,
el misterio encerrado en los capullos
y la magia de hermosas coincidencias.
Entonces... mi tiempo fue mi tiempo,
y el llameante y resinoso monasterio...
¡Por fin tuvo un Abad!





APOCALIPSIS

¡No fumen! ¡No beban! ¡No coman grasa! 
¡Háganse exámenes médicos anuales! 
¡Cuiden su peso! ¡Eviten el estrés! 
¡Eviten las guerras! 
¡Duerman ocho horas diarias! 
¡Creced y multiplicaos!
Y cuando hayan terminado
con el último árbol
seguid oyendo 
la voz del “Espurio Eterno”
Él llegará para salvarlos.

El mundo, ahora está vacío.
El fuego, 
es en cubos de llamas congeladas;
estático y perpetuo.
Sólo tiene un presente,
no tiene pasado ni futuro.

El alma de la lumbre,
ahora… tiene otro orden;
se ha petrificado en ámbar
y en la más fría y absoluta soledad.

No rehuso vivir.
Existo por vanidad
en la fibra sintética
de este último presente.
Existo en proyectos afines a mí mismo
debido a mi gran capacidad.

¡Llora, llora, por el ministerio que fue nuestro!
Llora en este lugar donde no existen
el placer ni el dolor,
ni la efervescencia
del continuo renacimiento.
Llora, llora… Se acabó nuestro tiempo.




CANCIÓN

Nohemí...
¿Por qué dejaste el gran amor que yo te di
en la juventud que se nos fue?
El desdoblar y el empalmar de aquellas olas en el mar
entre mareas... Ya jamás ha de volver.

Nohemí...
En el presente aún tu imagen llega a mí
con voz delgada de mujer.
La vida entera se nos fue en mucho amar y desamar
y ya ni cómo retornar al tiempo aquel.

Nohemí...
Lo que me diste, íntimamente lo sentí
en el corazón que tuve ayer.
Fue el ensayar a madurar en tiempo limpio y sin piedad
con miedo fijo en la razón... lo que fue cruel.

Nohemí...
Hoy amanece y todos ríen como reí
cuando creí que eras fiel.
Ya tu dudar e imaginar que en mí existía hostilidad;
¡Qué fue irreal e insubsistente... sabrás bien!






CAMINO 
(poema para dos voces)

Ya no queda muy lejos el bello caserío...
lo sé porque es aquí donde tengo visiones. 
Aquí es donde me lleno de extraño escalofrío 
y miro salir hadas en los sauces llorones. 

Toma tú la garrocha y guía la carreta, 
desde aquí regirás el paso de los bueyes; 
aquí es donde aparece la madre del poeta 
envuelta en paranoia a instituir sus leyes. 

'Legislador del mundo'… no creas interesante 
lo que dicen las cosas que bordean los caminos; 
hablan como un gentío que está cerca y distante, 
utilizando voces de aristócratas finos. 

Unas pueden hablar con la gran claridad 
educada y afable que tienen los Hasburgo,
y pueden dialogar con una habilidad 
que te hace recordar al mejor dramaturgo. 

-¡El cerebro me tiembla… estoy enloqueciendo… 
es gigantesco el ruído que este lugar encierra!-. 
¡Debes tener control, eso estuvo sufriendo 
el druida Merlín cuando anduvo en la tierra! 

Ahora todo escuchas... ahora miras todo... 
la flor de esquizofrenia es el dragón perdido. 
Alarga un poco más este breve periodo 
y no destierres nunca esta prueba al olvido. 

-Esa roca platica de grandes mariposas 
que volaban aquí, al ser muy joven ella,
con metálica voz esas piedras ferrosas 
dicen haber nacido cuando explotó una estrella-. 

No hagas caso a nada y conduce los bueyes, 
apura la carreta mientras yo me organizo. 
Ignora los quejidos de cosas que atropelles 
y mejora el semblante… ¡Amateur enfermizo! 

En las bocas hambrientas cansadas por el tedio 
ahora cae la lluvia perdurable de pan;
eso contemplo ahora con ojos sin remedio, 
mientras trances descienden, circulan… y se van. 

-¡Ah, me has engañado! ¡Me has invitado al orbe 
de ofuscados delirios que nutren tu locura! 
¡Quieres aniquilarme para que no te estorbe! 
¡Profeta de espejismos en la humana cordura!-. 

¡Cae en la medianoche de mi cruel evangelio 
y llora bajo el árbol más triste de la vida. 
Aquí es donde yo nazco y encuentro mi sepelio, 
aquí es donde yo extraigo mi sabia adolorida! 

-¡Aquí está tu garrocha… sigue tu desvarío, 
estos no son lugares en los que yo profeso! 
No quiero conocer tu bello caserío...
es más corto el camino que conduce al regreso-. 

No te alejes... ¡Retorna! ¡Vas directo al ahogo, 
y a las fuertes corrientes de los ríos crecidos! 
¡Yo siempre prevalezco porque nunca subrogo 
mi intuición a las artes de los seres perdidos! 

La noche se hizo joven entre ruidos y voces 
y en la flor del trastorno... creció largo pecíolo. 
Siempre crece, infalible, en momentos feroces 
cuando todos me dejan... depresionado y solo. 

La mañana siguiente... me encontró en la carreta; 
temblando de pavor ante toda la gente. 
Mi alrededor giraba como extraño planeta 
mientras decían algunos: "Dicen que está demente…" 




REGRESO 

Ramas altas del día, donde cantan los pájaros
canciones que lastiman dolientes corazones,
mis poemas se mueren en los brazos del sábado
cuando el aire dormita en la piel de las flores. 

Yo no quiero volver una noche de luna
y encontrar mis calandrias y mis pobres gorriones
ateridos de frío en la palabra: “Nunca”,
recordando la magia de la palabra: “Entonces”. 

No quiero resbalar en ranuras del tiempo
y perderme en los ecos oscuros de la vida, 
quiero habitar el rostro del formidable espejo
que el porvenir presenta en las puertas del día. 

Quiero llevar fanfarrias a míticos edenes
que muestran espejismos y rayos de esperanza,
y estar bajo del árbol que vive para siempre
vedado por el filo de flamígera espada. 

Y cuando las alondras de los bosques festivos
lleguen a los contornos de mis prados mejores;
declamar solamente para viejos amigos
lo escrito alguna vez... no sé cuándo ni dónde.



 


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